| Crónica | A corazón abierto hacia Santiago |

Bueno, pues Hape ha vuelto a León

Hape Kerkeling regresó a la vera del Camino para presentar su «Bueno, me largo», que se ha convertido en un fenómeno editorial

Hape Kerkeling, rememora su peregrinaje a Santiago de Compostela en la plaza de San Marcos

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Vicente Pueyo
León

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Hape Kerkeling entiende que el secreto del éxito de su libro - Bueno, me largo - puede ser que en él conviven la sensibilidad y la sinceridad. Con la misma sinceridad, debo advertir al lector que sólo me ha dado tiempo de leer 43 páginas del libro en cuestión, gracias sin duda a la atropellada jornada que nos hizo vivir Suma de Letras (Santillana), la editorial que sueña con alcanzar en España las cifras mareantes que el libro de Hape (Hans Peter) ha conseguido en su país, Alemania: más de tres millones de ejemplares. No deja de ser insólita esta cifra para un libro sobre el Camino de Santiago pero aquí se ha producido un divorcio feliz entre los lectores y los críticos, empeñados algunos en poner los puntos sobre las íes a algo que los tiene ya bien puestos. Si no, ¿a cuento de qué se va a conseguir un aplauso tan unánime de la clase de tropa lectora?

Cinco minutos de psicología en asiento de autocar no dan para mucho pero da la impresión de que este hombre afable y grandón es de los que no se casan con nadie. Humorista y presentador televisivo de gran éxito en la televisión alemana -ZDF-, Hape Kerkeling ha hecho de este libro de viaje el mejor de sus sketch. Bien podría haberlo titulado «al pan, pan y al vino, vino» porque Bueno, me largo transmite buen rollo, cercanía, ganas de ser leal con uno mismo. Hape demuestra una rara capacidad para dar vida a lo pequeño, al acontecimiento cotidiano que parece condenado a desvanecerse, pero es capaz de hacer reír y sonreír al lector cuando relata cómo unos niños parecían dispuestos a fusilarle con sus pistolas de juguete en Sahagún. Pero, junto al ameno fuego de artificio y a la implacable crítica de lo que no le gusta en el Camino (que no es poco), en el libro late ese sutil misterio iniciático al alcance de quienes han conseguido abrir el corazón a lo esencial. «Lo más íntimo que recuerdo... esa libertad interna, ese ser capaz de vaciar enteramente la cabeza».

Hape hizo el Camino durante seis semanas entre junio y julio del 2001 y tuvo el diario en un cajón durante casi cinco años. Al final salió a la luz y se puso a caminar por las librerías. «¿El origen de esto? Un problema de vesícula y una sordera preocupante me hicieron ver que había llegado a un punto de no retorno. Sentía que había perdido el rumbo». Lo demás es producto del azar: una librería y un libro en el escaparate: «Camino de Santiago, camino de la felicidad». El paso siguiente: «Bueno, me largo».

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Ya avisé, no puedo decir gran cosa del libro, pero este tipo cae bien como podrá certificar la «familia» que amasó durante su peregrinaje. Las nórdicas Evi y Tina, Lara, Anne, la neozelandesa de voz hermosa... Fueron el oxígeno para seguir adelante cuando, en León precisamente, estuvo a punto de tirar la toalla recordando probablemente a su amiga Isabel cuando, a punto de salir rumbo a Saint Jean de Pied de Port, le dijo: «estás como una cabra».