Diario de León

El pintor Julio Martínez trae a León la estética castellana

El vallisoletano acaba de abrir en la Casa de las Carnicerías «Manto», una misteriosa y sobria colección de creaciones

Julio Martínez, ante una de sus coloristas y enigmáticas obras.

Julio Martínez, ante una de sus coloristas y enigmáticas obras.

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La Casa de las Carnicerías presenta estos días en su sala de exposiciones la obra del pintor vallisoletano Julio Martínez. Sus trabajos, totalmente informalistas, se asocian perfectamente con los muros clásicos que la cobijan. La pintura de Julio Martínez se basa en unos pocos elementos plásticos, solamente en amplias superficies de cuidadas texturas y brillantes líneas verticales que aportan una extraña luz a su obra.

El óleo es la técnica empleada por el artista, veladuras y múltiples capas de pintura convierten el lienzo en una vieja pared que, misteriosamente, es capaz de convivir con unas líneas de luz que son como un fantástico destello que emana de las profundidades del cuadro. «Quiero transmitir -”dice el artista-” una sensación de paz. Pretendo que de mis cuadros emane una luminosidad que contagie optimismo, que aporte sensaciones positivas».

Espacio de libertad. El artista vallisoletano cree que la pintura no debe llevar implícitos mensajes distintos a su propio discurso estético. «No creo -”asegura-” en la pintura como instrumento de propaganda, ni portavoz de nada, ni vehículo de protesta. La pintura se basta a sí misma, permite acceder a lugares que la razón no puede alcanzar. Y la forma de la expresión artística, sea figurativa o abstracta, sigue siendo un medio y no una finalidad en sí misma».

La obra que Julio Martínez presenta en León está llena de coherencia. Sus lienzos repiten, sin cansar, una y otra vez los mismos mensajes con un idioma idéntico. «»El cuadro -”comenta-” es un espacio de libertad donde poder rastrear lugares desconocidos. Pintar es una ventura en la que hay que estar dispuestos a correr riesgos. Arriesgar siempre para poder llegar a hitos imposibles, a lugares que nadie pudo haber previsto, en los que el planteamiento teórico y conceptual es superado y donde las palabras ya no son suficientes».

La pintura de Martínez se olvida de los compromisos generacionales y discurre por un mundo abstracto anclado en las décadas de los cuarenta, cincuenta y sesenta del pasado siglo. Sus cuadros, laboriosos y sencillos, son buen recordatorio de los paisajes castellanos, de las puestas de sol en los interminables campos de Castilla, del sol naciendo entre los dorados campos de cereal.

Horario: laborables de 19.00 a 21.00, festivos de 12.00 a 14.00. Hasta el 21 de junio.

Lugar: plaza de San Martín, 1.

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