Diario de León
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El invento del maligno rosa belmonte

Por sentencias de las últimas semanas, da la impresión de que la televisión está sufriendo un proceso de judicialización moralizante. Dos resoluciones: una, de un juzgado de lo Penal de Valencia que «condena» el tratamiento dado al «caso Alcàsser». Otra, de la Audiencia de Murcia, que condena a Telecinco y a Mandarina por una intromisión ilegítima en el honor de Fernando Esteso. Por supuesto que los tribunales andan continuamente dando razones.

Sólo hay que recordar los triunfos contra Aquí hay tomate de Francisco Rivera (por vulnerar el derecho a la propia imagen de su hija; aunque a mí se me antojaba peor que los niños aparecieran con un gran tomate por cabeza); el de Aznar y Ana Botella contra el mismo programa por anunciar su separación; el de Gonzalo Miró contra el Tomate y TNT (por intromisión ilegítima en el derecho a la intimidad personal y familiar); o el de Juan Ramón Lucas contra Salsa rosa por las mismas causas que el anterior. Lo curioso de las dos nuevas sentencias es el análisis, más allá de los fundamentos jurídicos, que hacen del mecanismo de algunos espacios televisivos.

En el caso del «juicio de Alcàsser», el juez considera que el programa tiraba anzuelos y buscaba «situaciones personales de combate, lucha y pelea para alimentar las reacciones mentales moralmente insanas». Califica de previsible lo que pasaba y ve un «fin siniestro» en la cadena. En el caso de Fernando Esteso (del que se hablaba de problemas económicos y diversas adicciones), la sentencia resulta inquietante: «(-¦) se remarca el lado negativo de la vida actual de Esteso, desprendiéndose dicho extremo del visionado de las grabaciones brutas, en las que se requiere a los testigos para que repitan sus declaraciones hasta que dicen las frases precisas para poder después ser entresacadas y unidas de forma que parezca que han sido dichas de forma continua».

Claro que todo esto ya lo sabíamos. Que lo ha contado Mariola Cubells en su libro Mírame tonto , que sale en películas ( El grito en el cielo )-¦ La forma más civilizada de dirimir conflictos es acudir a los tribunales, pero no deja de resultar chocante que los jueces acaben corrigiendo el liberalismo manchesteriano de la audiencia, lo único que interesa a las cadenas, que quizás entienden que estas sentencias van en el sueldo, en el negocio.

Y no pasa nada.

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