Diario de León
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El invento del maligno josé javier esparza

Recapitulemos. Hace cinco años, más o menos, todos esperábamos el inminente paso de la televisión analógica a la digital o TDT. Eso iba a significar, de entrada, una multiplicación exponencial de la oferta televisiva, la formación de redes locales muy interesantes y, en definitiva, un aumento del pluralismo en la pequeña pantalla, lo cual era muy sugestivo. Poco a poco, sin embargo, la entrada de la TDT fue haciéndose menos inminente, el acontecimiento empezó a dilatarse, la distribución de canales se fue reduciendo y-¦ Y hoy, cinco años después, la TDT sigue siendo algo que pasará mañana.

¿Dónde está el problema? En el dinero. Más precisamente: en que una multiplicación de la oferta significará necesariamente disminuir los ingresos de los grandes canales.

Por eso la TDT no se ha implantado todavía en España. Y por eso, cuando se implante definitivamente, con toda seguridad tendremos una oferta más reducida de lo que pintaba al principio. Dato añadido: hay gente muy poderosa con problemas muy graves de dinero, y la fórmula de la TDT, convenientemente «macerada», puede ser una solución para esos problemas. ¿Cómo? Haciendo que la TDT no sólo sea más raquítica, sino que, además, incorpore canales que sólo puedan verse previo pago. ¿Por ejemplo? El fútbol, claro, amén de otros espectáculos deportivos. ¿A quién le interesa eso? A los dos canales que se han gastado millonadas en derechos: Sogecable y La Sexta. Y según Cebrián, sobre todo a La Sexta. El Gobierno acaba de anunciar que sí la habrá. La cosa tuvo gracia, porque el patrón de La Sexta, Jaume Roures, estuvo esta semana en un programa deportivo, donde subrayó que no mantiene amistad alguna con Zapatero y, por otra parte, aseguró que era inminente la aprobación de la TDT de pago. Las dos cosas eran noticia: la primera por insólita y la segunda por primicia. Y a las pocas horas, en efecto, el ministro Sebastián anunciaba que el Gobierno se disponía a regular la TDT de pago.

Seguramente nada se opone, al menos sobre el papel, a que el nuevo modelo televisivo, con el que todos nos las prometíamos tan felices, ofrezca una parte de sus «servicios» en fórmula de pago. Lo que resulta altamente irritante es que, haciendo balance, todas estas operaciones terminan cayendo siempre sobre la cabeza del mismo: usted.

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