Diario de León
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Los años de plomo. Eran aquellos años cuarenta días de libertad vigilada, y Crémer se dedicó a contemplar el transcurrir de la ciudad sin involucrarse demasiado, consciente de que aún tenía el «toro irremediable» de la sospecha apretado a la cintura. Escribió textos tejidos desde la laboriosidad de un obrero de las letras, en unos artículos que simplemente tituló Apunte y en los que realizó críticas y glosas con un estilo épico muy al gusto del momento. A este tiempo pertenecen columnas como El hombre que vuelve en el recuerdo, sobre Manolete: «Todos, todos tendrán que recordarle. Y que llorar su muerte… Que queden sus capotes de ensueño y sus muletas de gloria en eterna quietud… Se necesita algo más que el triunfo de una vida. Se necesita el triunfo de una muerte. El que quiera imitarle, ya sabe el camino…» o El Camino del Cid: «Todos los caminos de Castilla supieron del polvo sagrado del Romancero. Por allí cruzaron lanzas, capitanes, guerreros y monjes. Desde lo alto de la torre de San Pedro de Cardeña se veía el reflejo de la espada del Cid y el polvo que levantaba el galopar de Babieca por la tierra fecunda de Castilla camino de Valencia, la ruta del Cid es un rosario de grandes hazañas…» Victoriano Crémer comienza a sentirse libre de la cárcel del miedo y la sospecha. Hay que recordar que en los años cuarenta había puesto en marcha, junto al cura Antonio Fernández de Lama, la revista Espadaña, uno de los hitos literarios del país, un nido de libertad y pluralidad literaria en el que —al menos al principio— la única discriminación era la que marcaba la calidad poética. En Espadaña publicaron Dámaso Alonso, César Vallejo o Luis Rosales. Burlando la censura. Estamos ya en los años cincuenta. Con ellos, inicia el periodista una nueva etapa que le lleva a interpretar la realidad sin importarle una censura que, en muchos casos, impedirá la publicación de sus artículos. Victoriano Crémer, fiel a su compromiso ético, redacta artículos en los que desgrana unas ideas lejanas de la arcadia de los 25 años de paz. Es el caso de Odia al delito y compadece al delincuente, prohibida «por exagerado en el fondo y en la forma». En este artículo, escrito el 26 de septiembre de 1959 y que nunca vería la luz, el poeta recordaba veladamente sus años en la cárcel: «… Hay que estar preso en una mazmorra días y días, meses y meses, y tener que romperse el cuello para apresar el fugaz saetazo de una golondrina sobre el breve cielo permitido, para saber lo que es una cárcel como esta nuestra de León, en la que no es posible distraer el pensamiento del raer de la propia culpa …» Como diría Lamparilla, Crémer comienza a utilizar la pluma a modo de florete. Sus artículos ya tienen el poso cáustico de quien observa la vida de una ciudad —que él mismo califica de gloriosa y dolorosa— convertida en una aldea grande. Es el periodo en el que comienza sus colaboraciones en Radio León con Cartas a la tía Federica, una plataforma desde la que lanzaba sus aldabonazos a través una tía del pueblo que, como el poeta recordaba, decía verdades como templos en una época en la que la censura no se andaba con delicadezas: «Vinieron de Madrid los leoneses que andan por la capital de España y empezaron a descubrirnos cosas de León, que no vea tía. El caso es que se ajuntaron los leoneses de acá y los de allá en ese sitio tan majo de la Veterinaria y empezó a soltar el presidente de la Casa de León en Madrid, que dicen que se llama Luis Alonso Luengo, un discurso bonito de verdá, hablando de León, que a uno se le subía la sangre de orgullo y se le olvidaba hasta lo de los baches en las calles…»Su papel como periodista radiofónico —ninguno ha sido nunca más escuchado y valorado— le valió el premio Ondas de Radio Nacional. Pero Victoriano Crémer saltó las alambradas provincianas y sus análisis pudieron leerse también en medios madrileños. ABC primero y Pueblo o Informaciones después contaron con la firma del periodista leonés. En el diario monárquico comenzó a colaborar en los años sesenta, con artículos en los que tanto hablaba de arte y cultura como escaneaba la realidad social.

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