Diario de León
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Con los últimos coletazos del franquismo y la llegada de la democracia, Victoriano Crémer inicia colaboración con el diario Informaciones. En sus páginas de opinión imprime firma junto a la de personalidades como José Jiménez Lozano, Isaac Montoro o García Pavón. Informaciones, rotativo vespertino, estaba dirigido por Jesús de la Serna y se convirtió en exponente del mejor periodismo de la época. Aperturista, culto y moderno, este diario era competencia directa de Pueblo, en el que también escribió el poeta leonés. Se abre una de las etapas periodísticas más importantes de Crémer. Estamos en plena transición, con Torcuato Fernández Miranda y Adolfo Suárez dinamitando el sistema anterior, con los pactos de la Moncloa, las cesiones a las reivindicaciones centrífugas de los nacionalistas, y los equilibrios para acomodar a los ultras de una y otra condición. Y Victoriano Crémer analizaba el estado de la nación desde un espacio titulado Políticas y ceremonias que, en un momento de apabullante confusión, resultaba y, lo que es más difícil, resulta a día de hoy un prodigio de sentido común y brillantez analítica. Lean por ejemplo el publicado el 2 de octubre de 1978 y titulado Derecha… izquierda… ¡de frente!... ¡Mar! acerca del gusto por conceder carnets de demócratas que a día de hoy sigue tristemente de moda: «… Porque la verdad es que no hay posibilidades de establecer límites, de dictar graduaciones. Lo que sucede es que antes, ahora y después existirán, vivos y coleando, los que se atribuyen la función de clasificar a los demás, acaso para evitarse de este modo que los demás intervengan en su biografía. Yo recuerdo perfectamente, porque de alguna manera me vi envuelto en sus tupidas trampas, a un sin duda ilustre auditor, o juez, o encomendado que la atribución legal no hacía entonces al caso, pues cualquier hombre o mujer lo mismo podía bautizar que condenar, cuyas inapelables, rígidas sentencias o decisiones sembraron el pánico entre la población, más o menos cercada o amenazada. Pues bien, al cabo de algún tiempo se descubrió que el tal condenador, en nombre de los principios últimamente vigentes, procedía de los núcleos más aguerridos de lo contrario… Establecer fronteras ideológicas cuando la mayor parte de los ciudadanos andamos juntos y revueltos, nos parece de una inclasificable desfachatez.» También Pueblo acogió durante esta época algunos de los mejores artículos de Crémer. El 6 de enero, escribía una columna en la que subrayaba la zafiedad e ignorancia de la clase política: «… Sucede que en esta clase de demostraciones de ignorancia comparada, las consecuencias del chapoteo analfabeto alcanzan hasta las gradas solemnes de los ministerios…» Diario de León. Pero, sin duda, si tuviéramos que hablar de la relación entre Victoriano Crémer y un medio de comunicación en particular, ese sería Diario de León. Hoy es Crémer contra Crémer, pero anteriormente fueron Acera de Botines (columna con la que compartía página con Francisco Umbral y Antonio González de Lama) o Asterisco. Crémer contra Crémer es —era— una clase magistral, un tour de force del periodista consigo mismo, un soliloquio audaz de quien, fiel al pensamiento cartesiano, recurría a la duda —«Me contradigo a mi mismo»— consciente de que basta pensar bien para actuar bien. Y con la responsabilidad y la distancia que aportaban sus 102 años, comentaba que los que escriben en un periódico tienen el deber de mantener la integridad, la libertad personal y procurar no ofender. «He tratado de salvar el honor de las personas; con las instituciones, en cambio, siempre me meto».

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