ENTREVISTA | VICTORIANO CRÉMER
"Veo el forro de las cosas"
En sus versos están las preguntas y las respuestas del pensamiento este poeta crítico y hombre inconformista. Hicimos la prueba. Fue hace casi dos décadas...
—«Busco al hombre que soy entre los barros calcinados de la ciudad que amo»...
—Soy una consecuencia tanto del ser que soy como del que me hace ser la ciudad que amo, que es León.
—«Llorar es necesario».
—Me emociono por muchísimas cosas. La ternura es una de las facultades más importantes del ser humano. Llorar es necesario porque evidencia la calidad humana que lleva dentro. ¡Ay de aquel que no llore!
—«Libre es el hombre de decidir su suerte»...
—La sociedad contribuye a incrementar las condiciones o la naturaleza del individuo, por no le determina. Es el propio individuo el que se erige en dueño de sí mimo. El hombre es libre o cuando menos debe intentar ser libre. La vida es una lucha continua.
—«Te necesito España, unánime y entera...».
—Es un verso de 1940, cuando España era «la plaza partida». Yo me sentía la parte desterrada, por eso lo que exigía en ese verso —en prosa era más peligroso— era la unidad de España. No la unidad física, sino la unidad de sentimiento. En aquella generación nos sentíamos moridos de amor por una tierra maltratada y dispersa.
—«Hay seres que transitan por las calles, huevos; paises con palacios y estatuas; cosas, sucesos, nombres, que son sólo apariencia».
—Tengo un espíritu crítico muy acentuado. Veo el forro de las cosas. Veo o me empeño en ver más allá de la realidad y una vez que la consigo todo lo demás me parece apariencia. Cada uno no es como es, ni siquiera como quieren, los demás que sea. El hombre es un ser que se hace muy despacio.
—«¡Cuánta pasión de vida en la sorpresa!».
—Hay que perseguir la sorpesa. Hay que sorprender siempre, porque se descubren mundos nuevos.
—Victoriano Crémer.
—Sólo un hombre.
—Un poeta.
—Quevedo.
—Un lugar.
—León.
—Un premio.
—La amistad y el reconocimiento de la gente de mi alrededor.
—Una frase.
—Tanto penar para morirse uno...
—Un amigo.
—Todos.
—Un libro.
—El Quijote.
—¿Dios existe?
—Sí. Y si no existe, habría que inventarlo.
—«Aquí yace un curioso caso de hombre...».
—Es una frase que tengo prevista para cuando me muera —y me moriré tarde—. A lo que tiendo es a conservar la esencialidad, a convertirme en ese extraño caso de hombre que ha vivido de continuo al margen de la realidad o por encima de la realidad o por debajo...
—«El recuerdo es lo único que el hombre soporta sin remedio».
—Tengo una gran memoria. Pero, sobre todo, tengo recuerdos. Un hombre sin recuerdos es un hombre sin historia (que si muere va al limbo de los tontos). No tengo enemigos, el que alardee de ser mi enemigo está incurriendo en un delito de vanidad. Los enemigos los hago yo y, hasta ahora, no he hecho ninguno. Perdono siempre, pero no olvido jamás. Yo no me puedo condenar, porque no tengo ningún pecado...