Crítica | miguel ángel nepomuceno
Margarita Morais
Éxito sin paliativos de la sexta edición de los cursos de Eutherpe

El concierto que clausuró los cursos de Eutherpe.
Aunque soy consciente de no estar descubriendo nada que no sea desde hace tiempo de dominio público, conviene, no obstante, recordarlo por si aún queda quien no se haya percatado de que música, Eutherpe y Margarita Morais, son sinónimos de trabajo calidad y rigor, en todo el ámbito musical de este país y una garantía de que lo que se hace sin ningún ánimo de lucro y sólo con el interés puesto en los jóvenes que buscan un lugar donde poder expresar su talento con la seguridad de no haberse equivocado en la elección, siempre tiene su recompensa.
Hace más de 25 años que Margarita y Eutherpe, desde el aula de música del Colegio de Nuestra Señora del Carmen, se ha dedicado a favorecer a los jóvenes músicos fomentando su acceso a los conciertos públicos, a la vez que les daba la posibilidad de aprender con los mejores maestros. Y para incrementar aún más esta labor organiza más de 200 conciertos al año, varios ciclos de cursos para jóvenes pianistas, y las más importantes clases magistrales para pianistas, directores, y orquestas, de los que se celebran en el mundo, según han manifestado los profesionales que acuden a ellos. Bruno Aprea y el cubano nacionalizado norteamericano, Horacio Gutiérrez. Cada año hacen el milagro de que pianistas, directores y orquestas formen un todo compacto y único, cuyo resultado son esos dos magníficos concierto de clausura en el que cada día siete directores y cuatro pianistas, muestran al numeroso público asistente, sus progresos, su creatividad y el fruto de las enseñanzas de estos soberbios maestros que no escatiman horas, (más de diez algunos días), ni esfuerzo en su trabajo.
He aquí una conversación: «¿Maestro usted ha comido hoy?». «¿Comer? Ah, pues creo que no», dice Horacio Gutiérrez «¿Me pueden traer unas croquetas?». Por la tarde, la tartera seguía intacta.
1397124194 Ocho conciertos de disco. La JONDE fue este año la formación orquestal de lujo que acompañó a los 14 directores oho pianistas. Los jóvenes músicos comenzaron a ensayar con el maestro Aprea en Ávila una semana antes de venir a León, donde fueron dirigidos dos días por su asistente Francisco Ciampa. En cuanto a los protagonistas, ¿qué decir de todos y cada uno de ellos sin herir susceptibilidades?
La elegancia y seguridad de Anna Petrova, siempre perfeccionista y brillante, en Beethoven, la rotundidad expresiva de Martin Labazevitch,en Brahms, el maravilloso Shostakovich de Juan Valero y Nicolau Rodríguez (trompeta) o la exquisitez expresiva de Santiago Peñeirúa con Schumann, para llegar al segundo día con Marta Espinós y su transparente y vital Beethoven, y la delicada y expresiva Sofía Melikyan con un Brahms abrasador. Juan Pérez Floristán, desmenuzó a Schumann con fraseo y lirismo, mientras que Migue Ángel Barca con Ciampa en el Podio hacían una lectura fresca y sin complejos de Strauss y su difícil Burlesque.
Y no quiero dejarme a nadie en el tintero porque todos los directores estuvieron magníficos desde Salvador Vázquez, la griega Zoe Zeniodi, Marius McGuinness, Georgina Sánchez, Antonio Ribera, Antonio Lajara, Omar Maljbour, Borja Quintas, Francisco Valero, el vital y dinámico Manuel Godoy, Diego Martin o Juan Paulo Gómez, quienes acompañaron con tal seguridad y gestualidad que parecían consumados maestros del podio. Un año más el milagro Eutherpe se consumó. ¡Hasta la séptima edición!