entrevista | Rafael Doctor Roncero | COMISARIO DE LA EXPOSICIÓN «HUÉSPED»
«Huésped es una declaración de principios del Musac con América»

Rafael Doctor ante el mural pintado por Enrique Marty.
Abandonó hace seis meses la dirección del Musac para recobrar parte de la libertad perdida y, también, por honestidad personal. «Quise parar cuando pensé que ya no podía hacerlo tan bien», manifiesta con humildad. Sin embargo, no ha roto sus lazos con el museo leonés y hoy presenta en Buenos Aires Huésped , su último proyecto. En esta entrevista desvela las líneas maestras de la exposición y la clave con la que compone su nueva vida tras dejar León atrás. Agradecido, -«la experiencia del Musac fue magnífica en todos los aspectos»- se muestra entusiasmado con sus próximos retos: La Noche en Blanco de Madrid y el proyecto Desaparecidos con Gervasio Sánchez. «Será mucho más que una exposición», asegura.
-¿Cuál es el espíritu que articula «Huésped»?
-La exposición quiere ser una presentación no sólo de obras sino del espíritu contemporáneo que mueve al Musac. Por ello, no existe linealidad narrativa pues la muestra es un diálogo directo con diversas estancias del propio museo, desde el hall al gabinete, pasando por la colección permanente hasta el propio espacio expositivo neutro. No obstante, hay dos constantes: el diálogo con el arte clásico o moderno y el retrato de nuestro mundo actual. Así, la exposición central que hemos preparado es un capítulo pequeño de la muestra con la que inauguramos el Musac, Emergencias .
-¿Cuándo y por qué comenzó a fraguarse la idea de la muestra?
El Musac se quiere decantar por ampliar su interés en el arte hispanoamericano. Hubo una oportunidad para preparar esta muestra por otros motivos y la aprovechamos. El director de Museo Nacional de Bellas Artes fue el primer interesado en buscar esta conexión y este diálogo.
-¿Cómo fue el proceso para seleccionar los fondos del Musac que estarían en la exposición?
-En virtud de lo que aquí no se había visto y, sobre todo, buscando relación con obras del propio museo.
-¿Como un debate de maestros y épocas?
-"Les propusimos a los conservadores del museo que ellos mismo eligiesen la ubicación de algunas obras que nosotros pensábamos que podrían dialogar con los géneros clásicos. De esta manera nos hicieron una propuesta que nosotros aceptamos. Así, por ejemplo, los dibujos de Marcel Dzama dialogan con los grabados de Goya, o Morimura en la obra que se traviste de Frida Khalo, se enfrenta al arte barroco mexicano del siglo XVI y XVII.
-¿Hay alguna obra que aún no se haya expuesto en el Musac? -No... no he querido mostrar obras antes de que se haga en su propia casa.
-¿Puede decirse que «Huésped» es parte ya de la celebración de los cinco años y la muestra sobre Hispanoamérica que acogerá el Musac el próximo año? -Exactamente. Es una forma de avanzar lo que va a ser el quinto aniversario, donde todo el museo mostrará la colección de arte hispanoamericano que se ha ido forjando desde que en 2002 se iniciaron las compras del Musac.
-¿Qué supone para el Musac dar el salto a América? -Pues es una declaración de principios. Hispanoamérica debería ser para la sociedad española su camino prioritario. Yo sueño con un país que se sienta tanto hispanoamericano como europeo. Aquí nuestro eco es real y respetuoso. Además hay un idioma interior, más allá del castellano, que compartimos de una forma bellísima. -¿Qué tal la vida después del Musac?
-Siempre he dicho que soy la persona mas afortunada del mundo por ser dueño de mi destino y acatar las consecuencias de mis decisiones. Es un privilegio de vida que valoro y que me hace feliz. Vivir sin una seguridad, sin un sueldo fijo, sin saber exactamente cómo va a ser el futuro... eso me hace poner de una forma más firme los pies en el presente y, sin duda, me hace más feliz que nada. La verdad es que entré a dirigir el Musac sin darme cuenta; yo nunca soñé con ser un director de museo ni nada parecido. Dicho esto, tengo que asegurar que la experiencia ha sido magnífica, tanto para lo bueno como para lo malo. Voy a tardar de todas formas en asimilar todo lo aprendido... aunque no es algo que me preocupe. Tengo la sensación de haber hecho un buen trabajo y haber sabido parar cuando veía que ya no lo iba a hacer tan bien. De todas formas el mundo del arte contemporáneo es muy complejo y exige tener una fortaleza gigante. Somos vendedores de humo y eso necesita una sólida justificación.
-¿Cómo va el proyecto de Gervasio Sánchez sobre los desaparecidos?
Desde mi punto de vista, proyectos como el de Gervasio dan sentido a este entorno. Poder apoyar una reflexión como la que él platea sobre el problema de los desaparecidos políticos en todo el mundo es algo impagable. Es el único proyecto que voy a hacer en el futuro en el Musac. Se inaugura en el 2011 e intuyo que va a suponer en mi vida mucho más que una exposición. Aunque Gervasio y yo llevamos varios años con este tema, yo aún no me he atrevido a mirarlo de frente por el respeto que me impone, pero espero estar preparado para, en breve, sumergirme despacio en esa problemática. A partir de octubre quiero que sea mi prioridad y realmente me da mucho miedo. No es igual estar hablando de problemas estéticos que de dolores tan terribles abiertos aún en millones de personas en el mundo. Gervasio Sánchez es una de las personas que conozco con un aura más sólida y por la que siento más respeto. Ante gente como él, yo me siento diminuto.
-¿Puede adelantar algo de La Noche en Blanco?
-Se celebrará el 19 de septiembre en Madrid y será una acción vivencial en la que mezclaré muchas de las mejores cosas que hemos estado haciendo durante estos años en León. Será una declaración de principios, un manifiesto de que la vida siempre está por encima del arte. Es decir, será una muestra de arte sin retórica. El paseo, el tiempo, el cambio de parámetros simples es lo que planteo. Es un reto bestial que me tiene asustado. Voy a por él sin apenas presupuesto, pero con mucha ilusión. Si sale bien va a ser una maravilla, si sale mal me van a quemar en la plaza mayor, pero bueno... creo que saldrá bien... si no lo creyese me habría retirado ya. Yo quería realmente parar de trabajar este año y no le he conseguido. Al ser yo el que decidió irse del Musac, me quedé sin ningún tipo de paro ni nada parecido. Ser libre se castiga en esta sociedad. Pero bueno... estoy feliz de la vida y sacando proyectos pequeños de aquí y de allá, con tanta ilusión como cuando empecé a desarrollar el Musac. No sólo estoy recuperando la ilusión sino también a la persona que dejé por el camino. ¿Qué más puedo pedir? Además la exposición que hice de Jorge Galindo recientemente en el Musac me devolvió de una manera sencilla cierto aliento que necesitaba de aquel lugar y me dejó absolutamente en paz con todo lo que ya es pasado.