Diario de León

El invento del maligno | TELEVISIÓN

Festivales

Publicado por
josé javier esparza
León

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Sabrá usted que en Vitoria se está celebrando un importante encuentro: el primer Festival de Televisión y Radio de Vitoria-Gasteiz, por donde ya han pasado casi todas las cadenas para contar sus cosas. Además de esta vertiente de actualidad, el festival otorga una serie de premios a lo más destacado de la temporada anterior. La organización del festival me ha hecho la merced de invitarme a formar parte del jurado junto a muchos otros colegas, lo cual agradezco de corazón. Quizás usted conozca ya el nombre de los ganadores. Como revelación de la temporada se ha elegido a Samantha Villar por sus programas en Cuatro. Como programa más interesante, la producción de TVE 23-F, el día más difícil del Rey . Como programa más divertido, el Muchachada Nui que emite La 2. Como mejor programa de actualidad, el Callejeros de Cuatro. El premio a la serie dramática ha ido para Águila roja , en TVE, y en la categoría de comedia para Doctor Mateo , en Antena 3. Un servidor no suscribe todos los premios, pero el jurado era colectivo y ya se sabe: al final ganan las mayorías. En todo caso, creo que son premios, aunque discutibles como todos, por lo menos razonables. Ahora bien, el mismo Festival ha tenido la providencia de programar una serie de homenajes que, si he de ser sincero, me llenan de confusión. El primero y más relevante es el tributado a Joan Ramón Mainat, el cerebro de Gestmusic, fallecido hace algunos años. La carrera de Mainat es muy respetable, pero no sé si es adecuado ponerle a unos premios televisivos el nombre del creador de Crónicas marcianas , pongo por caso. Al calor del homenaje aparecerán por allí Javier Sardá y Boris Izaguirre, entre otros, lo cual no deja de ser una forma de retorcer el espíritu del jurado de los premios, porque tengo para mí que ninguno de nosotros habría premiado ni a Boris ni a Sardá; digo más: ni uno sólo de los que firmamos esos premios hemos dejado de poner a caldo a la extraña pareja. El festejo se completa, además, con un homenaje a María Teresa Campos, lo cual puede que no sea injusto, pero inmediatamente lleva a preguntarse por qué ella y no otro. Al final, la impresión que a uno le queda es que la tele es prisionera de sí misma, es decir, de los criterios de éxito que ella misma ha inventado, y que son criterios donde lo comercial impera sobre cualquier otra consideración. A este festival hay que desearle mucha suerte y larga vida, porque nace con un planteamiento serio y estimable. Pero también hay que desearle que no naufrague en las arenas movedizas del «share» a cualquier precio. De lo contrario, perderá credibilidad, como tantos otros antes que él.

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