Diario de León
Publicado por
josé javier esparza
León

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El invento del maligno

Estoy hasta el mismísimo gorro de escuchar que en televisión sólo tienen éxito los programas indecentes, deplorables, soeces o vulgares. Ahora mismo estamos oyendo de nuevo esa vieja cantinela a propósito de la continuidad en pantalla de Sálvame, el neotomate de Vázquez en Telecinco, que ha cumplido cien emisiones en sobremesa. Porque Sálvame, en efecto, es el prototipo de programa indecente. «Damos al público lo que el público quiere», dicen los capitostes de la tele. Mentira y gorda, que diría la ministra de Cultura. El público elige tales o cuales cosas en función de una oferta limitada, cerrada y además, con frecuencia, homogénea, porque hay horas en las que casi todos los canales dan el mismo tipo de producto. El argumento, sin embargo, ha hecho su camino a pesar de su falsedad, y he aquí a todo el mundo convencido de que en la tele sólo triunfa la basura. No, no y mil veces no. Es mentira que, en televisión, éxito sea sinónimo de podredumbre ética y estética. Digo más: es exactamente al revés. Haga usted el favor de coger las listas de audiencia y constate cuáles son los programas más vistos por los espectadores. Ahí encontrará usted, en los primeros puestos, títulos como CSI, La señora, Cuéntame o Amar en tiempos revueltos. A estos productos se les podrá reprochar que muestran una imagen discutible de la realidad o que interpretan la historia de España de un modo partidista, pero nadie puede cabalmente decir que no son productos de calidad, tanto en lo técnico como en lo artístico. Después hay, en un escalón inmediatamente inferior, otros productos que tienen éxito porque son ruidosos, llaman la atención o se dirigen deliberadamente a estimular los instintos: los reality-show, por ejemplo. De acuerdo, tienen éxito, pero ¿entre cuánta gente, por cuánto tiempo, qué tipo de reality y para qué tipo de público? Y luego tenemos, como hemos podido ver en los últimos meses, el éxito evidente de programas del género informativo-social, como Comando actualidad o Callejeros, a los que igualmente se podrá hacer algún reproche, pero no que estén concebidos como meros estimulantes de instintos primarios. Todo esto debería marcar un camino. Hay una forma adecuada de hacer televisión y hay una forma indeseable de hacer televisión. La televisión indeseable es, con frecuencia, más rentable, pero no porque el público la prefiera, sino porque suele ser más barata.

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