Oro
El invento del maligno
La estupefacción me embarga. No salgo de mi asombro. La otra tarde me dispuse a estudiar el partido de baloncesto entre España y Grecia. Y según tomaba apuntes para describir la retransmisión de la Sexta, he aquí que Andrés Montes da paso a un propio que, sin venir a cuento, proclama: «El oro de Moscú nunca existió. Documentos de los archivos secretos soviéticos lo demuestran. Todo fue una falacia de la dictadura (franquista)». El oro de Moscú: el oro que el Gobierno del Frente Popular mandó a Rusia durante nuestra guerra civil. Ahora resulta que se lo inventó Franco. ¿No es impresionante? De todas las páginas de la Historia Universal, desde las cuevas de Altamira hasta ayer por la tarde, hay pocos asuntos mejor documentados que este. Lo sabemos prácticamente todo sobre él: qué oro era (una parte de las reservas del Banco de España; otra parte fue a París), quién dio la orden (Negrín y Largo Caballero, en decreto reservado de 13 de septiembre de 1936, con firma de Azaña), cuándo se cogió el oro (el 14 de septiembre, de madrugada), quién dirigió la operación (Méndez Aspe), qué se llevaron (oro, plata, joyas, monedas, billetes), adónde lo trasladaron (a Cartagena), cómo se envió a Moscú (en barco), qué barcos eran (cuatro: Kine, Kursk, Neva y Volgoles), cuántas cajas iban (7.900, de las que llegaron 7.800), adónde arribaron (al puerto de Odessa), quién lo escoltó en Rusia (un regimiento del NKVD, luego KGB: el 173), dónde se guardó (en el Depósito del Estado de Metales Preciosos del Comisariado del Pueblo para las Finanzas). Todo esto no lo sabemos por oscuras intuiciones, sino porque lo atestiguan los propios protagonistas del suceso y una abrumadora documentación al efecto. Ni un sólo historiador, español ni extranjero, ha dudado jamás sobre ello
Ahora bien, he aquí que el equipo de investigación histórica de Andrés Montes en La Sexta de Roures nos ofrece una versión radicalmente nueva de los acontecimientos: mintieron Negrín y su hijo, Largo Caballero y Araquistain, Orlov y Krivitski y Méndez Aspe y Amaro del Rosal, como mienten todos los documentos oficiales; el Oro de Moscú nunca existió, todo es «una falacia de la dictadura». No cabe sino animar al equipo de Andrés Montes para que siga en esta línea de revisión histórica. Igual averiguan que el Oro de Moscú se lo quedaron Aznar y Bush. Cágate, lorito.