Crítica | miguel ángel nepomuceno
¿Es parlante il suonar?
Ghielmi bordó la inauguración del Festival de Órgano

El músico Vittorio Ghielmi, que abrió el Festival de Órgano.
Como viene siendo habitual en la programación del Festival de Órgano el nivel de sus invitados es más que sobresaliente, aunque casi siempre hay dos conciertos que los organizadores cuidan con especial esmero: el inaugural del ciclo y el de clausura, donde grupos, orquetas, ensambles o formaciones mixtas alcanzan los mayores niveles interpretativos que actualmente se escuchan por auditorios y salas de concierto.
Vittorio Ghielmi, junto a su grupo Il Suonar Parlante, formación que toma su nombre de la expresión creada por Paganini al referirse a una particular técnica de emisión sonora por medio de la cual los instrumentos musicales pueden imitar la voz humana, abrió la 26 edición de un festival que comenzó sin tener en firme el encargo del nuevo órgano, debido a que faltan tres firmas institucionales para que el organero Kleist dé el primer golpe de gubia.
El festival continúa su andadura con una envidiable programación, que este año trajo por primera vez a la Catedral al soberbio violagambista, Vittorio Ghielmi, y a una serie de impecables solistas que hicieron del primer concierto una suerte de galería de virtuosos pocas veces reunida en un concierto de estas características. Vivaldi fue la piedra angular de todo el programa con una de las más brillantes flautistas del actual panorama historicista europeo, como es Dorothée Oberlinger, quien no sólo deslumbró con su flautín y flauta dulce en los dos conciertos, sino que se trasformó en una suerte de ametralladora de emitir sonidos, que impactó por su seguridad y esa sensación de que jamás, por muy rápido que sea el movimiento, suena atropellado. Fue elegante y expresiva hasta lo indecible y variada en los timbres, lo que propició ese grado de comunicatividad entre solista y público tantas veces ausente. Su doble concierto en La menor para viola de gamba, flauta dulce y orquesta de Teleman puso de manifiesto esa relajada relación entre los dos intérpretes que en todo momento pareció fluir sin esfuerzo, tan natural como si no estuviera ensayada. Gabriele Cassone es otro de esos virtuosos de la trompeta barroca que no necesita presentación para darse cuenta el oyente que se encuentra ante un estilista soberbio de trazo firme y cálido, que deslumbró con sus solos en ese concierto de Torelli, pocas veces interpretado con la dulzura y calidez de la que Cassone hizo gala.
Guielmi y su Il Suonar Parlante son también máquinas de hacer música, pero no mecánica, sino expresiva y cercana, destacando la intensidad y versatilidad de su lectura, siempre en busca de nuevos hallazgos sonoros y expresivos, lo que hace honor al nombre de «sonido que habla», algo que todos sus componentes se esfuerzan por hacer sentir al oyente. Un extraordinario concierto de apertura, tal vez un tanto dilatado por la continua afinación que los intérpretes sometieron a sus delicadas cuerdas, que hicieron plúmbeas las esperas, pero mereció la pena porque lo escuchado fue «quasi perfecto» si exceptuamos algunas leves disonancias del concertino.