Diario de León
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Opinión | cristina fanjul

Es muy propio de la clase política tratar de dejar huella en una ciudad poniendo en marcha proyectos faraónicos con los que permanecer en el subconsciente colectivo. Los mejores en esto de la simbología fálica son los franceses. Citar ejemplos sería perder espacio en la columna. Están en la mente de todos. Gallardón se está acercando en Madrid, pero al menos él tiene un sueño y una fecha para cumplirlo. Ahora, Abel Pardo reinterpreta el sueño de Ramsés II y anuncia que a través de una facendera abrirá a los leoneses el camino hacia un nuevo amanecer. Lo que no sabemos es si al final de este paseo de esfinges veremos a Ra o todo se quedará en gatillazo.

Lo que me sugiere esta avenida de grandes felinos es más inquietante que la gran pirámide con la que se celebró el aniversario del Louvre. En pleno siglo XXI y en medio de una crisis que lastrará de manera irremediable la hucha común, este intento de recrear el paseo de los carneros me recuerda a los desvelos urbanísticos de Albert Speer. Un hombre nuevo, en este caso un leonés nuevo, y, para ello, una nueva ciudad. Por cierto, ojo a la hagiografía que la Llionpedia hace de Adolf Hitler: «Las grandes políticas de Hitler n-™infrastruturas incluyían pantanos, autustradas, fierrucarriles y obras civiles, cuna que la meyora de vida pa bien de presonas de la sociedá Xermana, desempegaos na República de Weimar y xente del campu, fou grande». Pues eso, que fou grande, como las esculturas que se levantarán el próximo mes de julio y que costarán al erario municipal es decir, a todos nosotros, nada menos que 90.000 euros. Y ésto en un momento en el que somos un poco más pobres. Lo malo no es que Abel Pardo esté (como los faraones) en otra dimensión. Lo malo es que se le financien proyectos tan desorbitados como éste.

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