Entrevista | enrique cimas | periodista
«Llegué un día a casa y dije: -Mamá, quiero ser periodista-»
Este veterano informador presenta hoy «Pulsos de León y otros latidos», colección de apuntes, recuerdos y emociones
Cimas es un «vallisoletano enamorado de León».
La primera mitad versa sobre León, tierra que, en 1975, «le abrió los brazos», y la segunda, sobre un amplio abanico de temas que van desde las cuestiones más íntimas hasta los problemas más internacionales. Es Pulsos de León y otros latidos , el libro que Enrique Cimas presenta hoy, en la sala Región del ILC, acompañado por Francisco Martínez Carrión, María Jesús Armesto y Pedro García Trapiello. La obra, publicada por Nueva Comunicación, cuenta con el apoyo de Caja España y de la Asociación de Periodistas de León.
-¿Cuáles son los «Pulsos de León»?
-Se trata de una selección muy sui géneris , muy personal, de los textos que he venido publicando en los últimos años en diferentes medios. En la primera parte me hago eco de la pedagogía de los territorios de León, esa tierra que me acogió con los brazos abiertos cuando llegué en 1975; y la segunda se compone de memorias, apuntes, viajes, recreaciones literarias de sucesos vividos... Pero ante todo está empapado de cariño hacia León. Algo a lo que contribuyen las excelentes ilustraciones de Rosendo de Santiago.
-Vivencias, anécdotas, encuentros, no le habrán faltado en todos estos años...
-En una ocasión estaba sentado junto a Jordi Pujol, hombre muy culto, que habla muy bien, pero que aprovecha para colar su nacionalismo desde el aperitivo hasta el postre. Yo le hablé del alma común de los pueblos ibéricos, de que el gótico de León es el mismo que el de Tarragona... y él, por lo menos, tuvo que escucharme.
-¿Y en el País Vasco?
-Venía una vez el cardenal Tedeschini de Irún a San Sebastián, en tren, y durante ese trayecto tuve que hacerle una entrevista: allí fue donde recogí de él su «anticlericalismo», pero claro, referido a su desprecio de las formas externas y a su valoración del fondo, de la fe. O aquel beso que me propinó una actriz en pleno Festival de San Sebastián, con lo extraño que era eso en plenos años sesenta, en público...
-También hay recuerdos de fuera de nuestras fronteras...
-Como cuando visité Berlín hace 40 años, y que ahora viene muy a colación con la caída del muro... la verdad es que hay temas para todos los gustos en el libro, y todo ello es reflejo de mi pasión por escribir. Yo tenía muy claro lo que quería hacer. Parafraseando un poco a Concha Velasco, llegué un día a casa y dije: «Mamá, quiero ser periodista».
-¿Qué diferencias encuentra entre aquel periodismo y éste?
-Mmm... no te voy a decir que se hacía un periodismo rudimentario, porque ese era más bien el que hicieron nuestros antecesores, pero sí es verdad que el nuestro era más reposado que el que se hace ahora... en todo caso, sea de una manera más tecnológica o menos, el periodismo no cambia, es el mismo, es la búsqueda de la noticia y su comunicación, mediante el medio más rápido, a la mayor cantidad de personas posible. Es algo que llevo muy dentro; yo ando por la calle y si veo un accidente, lo comunico al medio de comunicación que tenga más a mano.