Pocas truchas y algún furtivo
Los pescadores afrontan uno de los peores inicios de temporada que se recuerdan
Mal sigue discurriendo la temporada truchera en uno de los peores inicios que se recuerdan. El mes de mayo no termina de asentarse, siguen las tormentas y las bajas temperaturas que en nada favorecen a la pesca. Los pescadores de mosca apenas consigue capturas. Algo mejor están pescando los especialistas de cucharilla que a pesar de las dificultades de vez en cuando se ven sorprendidos por ejemplares de gran tamaño. Y una vez mas son los «ceberos» quienes están pescando mejor en los escasos tramos que les van quedando. Dentro del cebo natural está funcionando mejor el cebo de río que la lombriz de tierra, especialmente el rancajo o gusarapa que, además, suele propiciar buenas capturas. Y es que en el momento en que vuelva el calor veremos volar con profusión la mosca de mayo o mosca de la piedra, que no es otra cosa que la culminación madurativa del rancajo una vez que sale del lecho del río, rompe su caparazón que queda pegado a las piedras o a la vegetación de la orilla y vuela tras aparearse con los machos que son mas pequeños y carecen de alas.
De lo mal que se está pescando da buena fe la cantidad de permisos sobrantes que no llegan a agotarse. Todos los antiguos intensivos, incluido el de La Bañeza que es el mas demandado, pueden conseguirse sin dificultad, al igual que los del Esla tanto con muerte como sin muerte. En el Porma y en el Orbigo si que están prácticamente agotados, pero tampoco se está pescando y los partes de la guardería así lo acreditan. Quienes siguen intentándolo son los furtivos, una especie que no se extingue ni en temporada ni fuera de ella.
El pasado lunes en el Esla a la altura de Villarroañe, dos «temerarios» pescaban a cucharilla sin cortarse ni un pelo, y eso que desde el puente eran claramente visibles. Otro de los lugares habituales es el tramo libre sin muerte de Villómar, en el Esla. Este tramo, muy frecuentado por los aficionados de mosca seca, tanto por su cercanía a la capital como por sus tablas amplias y cómodas, con bastante trucha, es objeto frecuentemente de pesca furtiva. Y ello a pesar de que, tanto la Guardia Civil como los agentes forestales, lo vigilan y efectúan denuncias. La insolvencia de los denunciados, que reinciden constantemente, suele dar al traste los efectos de la sanción.
Hoy en día la mayoría de pescadores llevan un teléfono móvil. Cada vez más se hace necesario un número al que avisar de forma que en pocos minutos una patrulla pueda presentarse en el río. Lo que no van a hacer los aficionados es enfrentarse a unos individuos que no tienen nada que perder y si bastante mala leche. Solo por causa del furtivismo se entiende que en muchos tramos sin muerte cada vez haya menos truchas, especialmente las de tamaño comercializable.