opinión | el fútbol es así
El blues de Naranjito
El Mundial 82, lejos de servir a España como plataforma de entusiasmo deportivo, se vivió con el lastre de que, desde el primer día, el escepticismo, pesimismo y desconfianza giraron en torno a una selección que se veí
La puesta de largo democrática del deporte español escogió el Mundial 82 como gran escaparate para demostrar que detrás del turístico y fraguiano Spain is different había un nuevo país. En lo deportivo, el fracaso fue redondo, como Naranjito. Un blues triste que todo el mundo quería que se terminara. Tanto, que casi resulta imposible recordar si el país salió ileso del fiasco, o incluso aliviado e indiferente. Por cierto, aquella mascota discutida es ahora revisitada y rescatada hasta el punto de que se puede volver a ver en camisetas de la denominada escena indie, ese siempre bullicioso territorio juvenil y no tanto, asociado al diseño, el arte y la música. Puede que, después del Mundial, quedaran algunas otras buenas cosas, como los nuevos estadios, o los que, a cuenta del acontecimiento, se hicieron un lavado de cara exterior e interior para ajustarse a las exigencias de la Fifa. Pero futbolísticamente, España fue un visto y no visto. Y lo que se vio, además, pasó sin pena ni gloria. En la trayectoria y contexto de la selección española de aquel Mundial se dieron cita varios factores que puede que influyeran en el fracaso general. Por un lado, el malditismo colectivo, siempre dispuesto aventurar malos resultados. Por otro, la presión de ser organizadores y, de manera tan automática como ilógica, favoritos de no se sabe qué. Y, por último, la realidad de que ese año, esa generación, formada por jugadores de talento pero sin un argumento común, no estaba llamada a cotas mayores que la modesta presencia en las grandes citas internacionales. Y es que, realmente, las expectativas no eran para tirar cohetes, y el entusiasmo que se intentaba generar partía de la única premisa de ser anfitriones. El Mundial 82, antes personalizado en Naranjito y Pertini, fue en realidad el Mundial de Rossi. Y fue el Mundial que despreció a Maradona, que no pudo desplegar su talento, porque el fútbol duro, el antiespectáculo, el resultadismo, en definitiva, tuvo patente de corso. Por ello, resultó curioso comprobar cómo el gran ídolo italiano que surgió de la tacaña propuesta de los tricampeones entonces no respondía al perfil de un jugador rocoso, duro por alto, etc, sino a un delantero tan habilidoso como oportunista. España 82 fue el mundial en el que ya participaron veinticuatro equipos, lo que supone la redimensión mediática y global del torneo, apuntando directamente al concepto que conocemos en la actualidad. Y se ve que, ante tanto foco, España se derritió. Una vez más, y esta historia le suena a todo el mundo, el seleccionador español José Emilio Santamaría (Montevideo-Uruguay, 1929), un entrenador que como jugador llegó a ganar cuatro copas de Europa con el Real Madrid, e internacional uruguayo y con España, fue cuestionado desde el principio. El propio seleccionador, de hecho, intentó tomar el toro por los cuernos y defendió inicialmente las posibilidades del combinado local, pero, una vez eliminados, arremetió contra la presión externa, que no provenía de los rivales, sino de los medios de comunicación de aquí y hasta con la connivencia de los estamentos del fútbol de este país. Por supuesto, con este ambiente todo salió mal. España debutó con Honduras, precisamente, el 16 de junio, como lo hará ahora España, en un partido a tenor fácil, de esos que se dicen para coger confianza. No pasó del empate. Es más, se sufrió para conseguirlo, porque la Selección fue perdiendo la mayor parte del partido hasta que López Ufarte consiguió empatar de penalti. En esa primera fase, que se superó de milagro, España ganó a Yugoslavia 2-1, después de empezar perdiendo, con goles de Juanito y Saura, y, de nuevo fiasco en forma de derrota ante Irlanda. La segunda fase también tuvo formato de liguilla, en este caso, de tres equipos. Pero nada cambio en el estado de ánimo del equipo español. Frente a Alemania no hubo opciones, aunque el resultado fue de 2-1. Y España se despidió de su Mundial, en el Bernabéu, con un empate a cero frente a Inglaterra. Junto a los goles reseñados, el equipo de Santamaría solo alcanzó cuatro tantos, el último de Zamora.