mundial de sudáfrica 2010
Argentina 78: Canción triste de Julio Cardeñosa
Lo puñetero del fútbol es que un jugador de largo recorrido, como Cardeñosa, jamás pudo desprenderse de aquel acontecimiento ocurrido en el país más canchero del mundo, pese a haber liderado en su trayectoria personal a un Betis histórico que llegó a ser campeón de Copa del Rey.
Pero jugar un Mundial, y más con España, es lo que tiene. Y, ya, si uno proviene del mismísimo Betis, es para nota. Pero alguien como Cardeñosa, que lanzó faltas magistralmente, que teledirigió a su equipo, que le quitó al fútbol músculo para sustituirlo por inteligencia, seguro que aún tiene que dar explicaciones en su vida cotidiana, ya sea en una cafetería o en el dentista. Aragonés, el único seleccionador reciente que hay en España que puede presumir de saber ganar en una de estas citas, dice que el fútbol de élite se decide en detalles. Y eso si no mató, sí dejó un borrón en la carrera de Cardeñosa.
Julio Cardeñosa fue un centrocampista de clase, de apariencia frágil, y, tal vez en estos tiempos más atléticos, compartiría fundamentos futbolísticos con nombres como Iniesta o Silva. Como jugador, la afición bética recuerda decenas de lecciones magistrales en cuanto a forma de leer y afrontar los partidos. Un jugador así, de tiralíneas, frío y cerebral, no debía de saber que por razón de afiliación, por ese Betis manquepierda y esa España nuestra, se vería obligado a vivir en el filo de la máxima expresión de la ilógica del fútbol. Porque Cardeñosa fue un futbolista que lució, un cerebro en equipos descerebrados que tuvo que padecer paradojas tales como que en su madurez deportiva conociera los efectos de montaña rusa que el fútbol reserva para los momentos cruciales.
Este la bola no entró en versión fútbol se produjo cuando Santillana se apoderó de un largo balón, bombeado y en diagonal, lanzado desde la derecha, y, a partir de un salto eterno marca de la casa, consiguió dejarlo en la mejor posición para que uno de sus compañeros lo rematara. Cardeñosa leyó la jugada a la perfección, y no solo se hizo con el balón sino que a trompicones se fue acercando a la puerta contraria, entonces solo defendida por un jugador de Brasil, puesto que el portero, Leao, había salido a por uvas y las había encontrado. Cardeñosa se aproximó, incluso pasó por encima del punto de penalti y al borde del área pequeña disparó. Había hecho un control orientado con la pierna derecha, un toque hacia adelante con la izquierda, y con esta misma pierna disparó de forma defectuosa. Viendo las imágenes a día de hoy, el campo parecía un patatal. El jugador brasileño despejó la pelota. Y así nació el no gol de Cardeñosa.
Y sí, la historia cargó contra Cardeñosa, que pareció ser el único que falló en aquel Mundial que trajo el color a muchas teles de las casas españolas. Pero si se tiene en cuenta que España metió solo dos goles en tres partidos, perdió 2-1 contra Austria en su debú, empató a 0 el citado encuentro contra Brasil, y se despidió ganando 1-0 a Suecia, tampoco parece un gran plan personalizar el fracaso en un solo jugador, en este caso el gran Cardeñosa. Un tipo que ese día hubiera preferido estar ante un libre directo con todo Brasil como barrera que al borde del área pequeña con solo un brasileño entre el balón y la red.