Diario de León

mundial de sudáfrica 2010

Jerga pelotera

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El fútbol, ese deporte más bien simple en el que once individuos dan patadas a una pelota, es un terreno abonado para tópicos y clichés de todo tipo. Un abanico de códigos, prejuicios y reflexiones de tanto calibre intelectual como la expresada por Vujadin Boskov, un trotamundos de los banquillos que llegó a entrenar al Real Madrid. Fútbol es fútbol, dijo Boskov en un rapto de lirismo que resulta inapelable. Más a ras de suelo, para un equipo resulta obligado «nadar y guardar la ropa», «poner toda la carne en el asador» y «pensar que hasta el rabo todo es toro». Llegado el triste momento de la derrota, «debemos volcarnos en el próximo partido» o «coger las llaves y cerrar el campo». Pero en todo caso, a las duras y a las madura, «hay que sudar la camiseta», como demostró de forma explícita el técnico José Antonio Camacho, responsable de la Roja en la cita mundialista de Corea.

El balón también es motivo de inspiración dentro del vestuario, pues algunos son calificados como pelotudos , dicho sea con el más puro acento argentino. Y en cualquier caso, tanto la vida como los partidos debemos afrontarlos con «dos pelotas», una frase, por cierto, muy común en los procesos de divorcio. Si hablamos de ese recinto sagrado utilizado por los jugadores para cambiarse, celebrar las victorias y penar las derrotas, resulta sabido que «nadie abre la boca fuera del vestuario». Puesto que el balompié depende finalmente del factor suerte, es verdad universalmente aceptada que en fútbol «hasta el más tonto hace relojes». Célebre frase que algunos atribuyen al muy peculiar Luis Aragonés, un filósofo de lo esférico que ha llegado a afirmar: «Lo peor de perder es la cara de tonto que se te queda». Pero nada equiparable en cuanto a chispa e ingenio con la rotunda reflexión de Joaquín Caparrós a propósito de los vaivenes emocionales que envuelven al deporte más popular del mundo: en fútbol, se pasa de monja a puta en cinco minutos. Puro realismo mágico.

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