Diario de León
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España ganó un Mundial. Y no hay pero que valga, sino el copazo que se trajeron del Mundial sub 20 de Nigeria, en 1999. Hablamos de la generación del 79, que, ahora, después de ganar a Honduras, suena a música celestial. Porque, para empezar, fue el año en el que nació Xavi Hernández, y eso es una buena noticia que, como su juego, enlaza siempre con oportunidades de gol.

Este torneo fue potenciado por la Fifa, años antes, que vio con acierto la creación de un escaparate futbolístico de envergadura que, en parte, presentaba realidades y también predecía nombres que iban a protagonizar este deporte durante los años posteriores. Las tres últimas ediciones habían tenido el nombre propio de Sudamérica, con Brasil, por partida doble, y Argentina, como equipos ganadores. España rompió esa hegemonía y se trajo para Europa el triunfo.

-œJugando suculentamente al primer toque por mediación especial de los mediocampistas Xavi y Gabri-, es una de las frases que se pueden leer al respecto en un buceo por las hemerotecas del momento. Y lo bueno es que lo dice la propia Fifa. El resto es una incontestable lista de estrellas, presentes tanto por España como por parte de los otros equipos, que hoy son gran parte de los referentes del fútbol mundial de primera línea y de las ligas más importantes del Mundo. Es decir, que este mundial fue fruta a madurar que hoy en día se conserva con toda su frescura y potencial.

Otra frase clarificadora acerca de España fue: -œMultiplicando los cambios de ritmo, los españoles resolvieron el torneo a la perfección-. Y tanto. Además de ganar la final, la Selección, entonces no había La Roja ni nada de eso, fue máxima goleadora junto a Malí, con 16 tantos. Y Pablo Couñago fue, asimismo, goleador del torneo con cinco goles, honor compartido con Mahamadou Dissa, también de Malí.

Pero si los nombres son los que mejor pueden dar prueba de la importancia del campeonato, aquí van unos cuantos que no requieren presentación: Esteban Cambiasso (Argentina), Ronaldinho (Brasil), Ashley Cole (Inglaterra), Seydou Keita (Malí), Rafael Márquez (México), Roque Santa Cruz (Paraguay), Robbie Keane (Irlanda), o Diego Forlán (Uruguay)... Todos ellos formaban parte de esos equipos que en lo colectivo aspiraban a ser campeones y en lo individual soñaban con hacer carrera.

Hechas estas presentaciones se puede hablar ya de la trascendencia de la victoria española, que se consiguió a altas temperaturas, con un sudor añadido que resultó ser una escuela de calor de la que muchos salieron con un aprendizaje que, seguro, aún les sirve.

España llegaba con una intuición. Con las sensaciones positivas que daban datos objetivos como que parte de los convocados ya formaban parte de los grandes equipos. Xavi, Colsa, Yeste o Casillas, el más joven de todos, por ejemplo. Pero la lista completa da gusto recordarla, aunque haya nombres desaparecidos relativamente. A las órdenes de Iñaki Sáez estaban: Aranzubia, Coira, Bermudo, Josué, Orbaiz, Marchena, Gabri, Xavi, Pablo Couñago, Colsa, Yeste, Varela, Casillas, Álex, Aganzo, Barkero, Rubén y Álvaro. Y aún con nombres que darían para la película esa de qué fue de-¦, se trata de una generación brillante que no se quedó en algo así como un grupo de un solo éxito.

España dominó su grupo con dos victorias y un empate. Pasó el ocho mil de Ghana a penalties. Y en semifinales, frente a la poderosa Mali, ganó 3-1, y remató su presencia con un contundente 4-0 en la final frente a Japón. En el descanso, de ese partido jugado un 24 de abril de 1999, ya iban 3 a 0. Puede que parte de la recordada última Eurocopa ganada por España se comenzará a cimen tar aquel día, con un grupo de jugadores dispuestos a darle la vuelta a la trayectoria del fútbol español. Pero la historia final aún está por escribir.

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