Diario de León

mundial de sudáfrica 2010

Ese árbitro

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León

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Hay aficionados que necesitan insultar al árbitro. Les puede. Incluso si no se merece improperio alguno ellos le mentan igualmente el árbol genealógico, porque creen que hacerlo va incluido en el precio de la entrada. Para entender este ímpetu faltoso hay que ponerse en la piel del hincha estresado, siempre necesitado de liberar al Rambo que lleva en su volcánico interior. No obstante, hoy en los campos ya no se les insulta como antes, porque tal tropa llegan ya muy desfogados, pues los foros de Internet les dan posibilites infinitas de descargar su rabia.

A mí me encantan los árbitros. Si de mí dependiera, asignaría uno a cada español, que nos acompañase a todas partes como una segunda sombra, y tras el pertinente golpe de silbato, se pronunciara sobre si hemos cometido falta o nos la han hecho. Nos ahorraríamos un pastón en abogados. Y en psiquiatras. Antes, en los pueblos españoles se acostumbraba a tirar cada domingo al pilón al señor colegiado, además de a todos aquellos grupos musicales que se les ocurriera cantar en inglés, aunque fuese macarrónico. Luego, al hacernos europeos, nos suavizamos un poco en lo que respecta a nuestra manía al idioma extranjero, pero a los árbitros se les sigue teniendo un poco enfiladines, pues aquí todos somos un poco catedráticos en nada - especialidad fútbol y política- y quien no tenga un master otorgado por la universidad de uno mismo es que no sirve para estudiar.

Por cierto, la actuación del colegiado Yuichi Nishimura en el partido España- Honduras no fue merecedora de un taco, pero tampoco nos motivó a cantarle, parafraseando a Pasión de Gavilanes : «Quién es ese árbitro, que me mira y me desnuda». En algunas jugadas no vio suficiente, y en otras vio en exceso. Pero, como decíamos ayer, nadie es perfecto-¦ salvo Miss Albacete.

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