Diario de León
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León

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Ayer todos nos acostamos triunfadores. La victoria de la selección nos permitió experimentar cómo debió de sentirse Massiel al ganar Eurovisión, Peter Jackson al recoger once oscars por «El retorno del Rey», Wellington al derrotar a Napoleón, o Neil Armstrong al pisar la Luna-¦ ¡Gracias, Roja! Ayer todos nos acostamos triunfadores y hoy nos hemos levantado más guapos y más altos. Pero sobre todo, mucho más optimistas. El país sigue en crisis, pero así se lleva mejor. Y no sólo eso, pues, tiene razón Serrat, «hoy puede ser un gran día», y va a serlo. Nos quedan rivales temibles, tan temibles como nosotros lo somos para los demás. Tiembla, Maradona.

Escribo esta crónica mientras escucho una sinfonía de bocinazos que llegan provenientes de la calle, como eufóricos telegramas de felicitación. Suenan como una canción de la alegría, jazz que nos invita a seguir el ritmo con los pies o con los dedos. Nunca hay que subestimar la importancia de una felicidad que une edades, ideologías, clases y demás posibles divisiones, reales o ficticias.

¿Y el sábado contra Paraguay? se preguntará el impaciente. Pues también será un gran día. Perder con los suizos nos dejó algo noqueados, con la autoestima dando tumbos sobre la lona, pero la victoria contra Portugal ya son palabras mayores. Se nos puede permitir ponernos algo farrucos, aunque sin perder esa humildad en las formas que tantos nos enorgullece en nuestra Roja, y que es una de las improntas de don Vicente, ese gran roble humanizado. Aragonés se habrá alegrado del triunfo de la selección, pero a su manera, un tanto tiranosuaria, con rugidos.

Sí, ayer fue un día muy grande. Y hoy también puede serlo, ya lo advirtió el cantautor, pues la felici-

dad que nos regaló Villa no se extingue, y

tardará en hacerlo. «Podemos», retumba

como un eco.

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