Mundial de Sudáfrica 2010 | El fútbol fue así. Hitos y debacles de la selección

Mientras hay Villa hay esperanza

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Pacho
León

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El asturiano es el máximo goleador español en un Mundial y adelantará a Raúl como máximo goleador histórico de la Selección. Fue el que más tantos anotó en la Eurocopa de 2006, que ganó España, y, de momento, es el Pichichi en Sudáfrica. El mejor delantero del mundo

Hay Villa-rato en Sudáfrica. Surge como una exclamación maradoniaca: ¡Guaje cósmico, de qué planeta viniste!, en frase adaptada de aquella histórica de Víctor Hugo Morales. De Tuilla, Asturias, diría David. Villa. El hijo del minero. Del Langreo, de Mareo, del Sporting, del Zaragoza, del Valencia, ahora del Barça, pero siempre del Sporting. Un tipo que se toma la selección muy en serio. Más, que los reclaman, ya en julio, que el equipo juegue al máximo de pulsaciones noventa minutos de noventa. No hay gasolina en el depósito para eso. Sí, para saber que se llegue a donde se llegue, se hará con el sentimiento colectivo de un equipo, en el que el respeto mutuo consiste, como dijo el otro día Arbeloa, en ser un buen futbolista, se sea titular o el último de los suplentes.

Pero todos quieren a David Villa, incluidos sus compañeros, porque mientras hay Villa hay esperanza. Menos para el Real Florentino que despreció la escena de todo el Bernabéu gritando: «¡Illa, illa, illa, Villa maravilla!». Benzema no rima igual.

Pero esa es otra historia. Como lo es, que la de Villa está unida indefectiblemente a la de la Selección de los últimos años. La del éxito, el reconocimiento y la que se puede decir que representa la edad de oro del fútbol español. Por eso, Villa le viene a esta sección como anillo al dedo. Siempre en la subsección de hitos-¦

Villa falla tan bien los penalties, que ya lleva cuatro goles en el Mundial. Si la pena máxima se le atasca, desenfunda desde lejos y se revuelve entre defensas como esos futbolistas menudos de las categorías infantiles que ante la dificultad imponen su descaro. Él lo conserva y lo reserva también para las grandes citas.

Villa, 11.700.000 referencias en Google, con web propia, que hasta tiene su punto de coquetería (como sus a veces estudiados pelos de punta o su miniperilla) porque esconde la fecha de nacimiento, es ya el máximo goleador español en los mundiales.

Está a tiro de piedra de Raúl para ser el máximo goleador histórico de la Selección. Y está en esto, por tanto, concienzudo, para ser el mejor delantero español de todos los tiempos. Lo es.

Hasta el 1 de diciembre de este año no cumple los 29. Es decir, que le quedan varias temporadas al máximo nivel. Suficientes como para marcar varios hitos más, que alimentarían esta sección a la que el asturiano le otorgaría una nueva condición: pendiente de escribir...

Contra Portugal, Villa marcó y confirmó que sus goles son decisivos. Que superan la ambición desmedida del delantero en ese egoísmo necesario para rebasar la línea de gol. Porque este Villa golea para el equipo, no para su estadística histórica. Y sus compañeros celebran los tantos como propios. Como los que marcó en la Eurocopa de 2006.

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Miren: en ese ángulo de la pantalla, lejos de la jugada, se ve a Villa que levanta los brazos y pide el balón, porque ya ha visto la ruta del gol. Y si no se la inventa. Porque, en España, la línea más corta que lleva al gol, se llama Villa. El nombre propio de la ambición colectiva. El del mejor delantero del mundo. Acaba el partido, y Villa, desde el banquillo salta de alegría y se sube, literal, como un niño, en brazos de Xabi Alonso