mundial de sudáfrica 2010
España quiere seguir soñando
La Roja se obliga a la excelencia para superar a una Alemania temible y jugar su primera final de un Mundial

El guardameta español Iker Casillas detiene un balón durante el entrenamiento de la selección.
Lo dijo Vicente del Bosque tras la victoria ante Paraguay que situó a España en un territorio desconocido: las semifinales de una Copa del Mundo. «No es el momento de hacer balance, sino el de seguir soñando». De eso se trata, efectivamente. La selección española quiere seguir soñando y para poder hacerlo debe superar este miércoles en Durban al peor rival posible, al mejor equipo, de largo, en lo que se lleva de Mundial: Alemania. La dificultad es máxima, pero no se podía esperar otra cosa a estas alturas de la competición. Hasta la fecha, el equipo nacional ha ido superando pruebas ante rivales más o menos rocosos o impermeables, pero todo ellos de inferior calidad. En este sentido, se puede decir que «La Roja», por mucho que haya hecho historia, no ha pasado de cumplir con su obligación de equipo grande. Ahora le toca un enemigo de su talla.
Nada ilustra mejor el peligro que representan los alemanes que un repaso a su hoja de servicios en los Mundiales. Tres veces campeona del mundo, la «Mannschaft» nunca ha dejado de ser competitiva. Siempre estaban ahí, en la pomada de los elegidos. Pues bien, si esto lo han conseguido con equipos vulgares, tirando de su fuerza y de su incomparable mentalidad competitiva, qué podrán hacer cuando disponen de una gran generación de futbolistas, como es el caso.
Para empezar, ya han dejado como una colilla a dos de las grandes favoritas del Mundial, Inglaterra y Argentina. Ahora les espera España, que como dijo Miroslav Klose es otra historia.
Se ha venido hablando mucho estos dos últimos días de la final de la pasada Eurocopa, en la que «La Roja» dio un baño a Alemania. Que sólo ganara 1-0 fue una casualidad. Lo cierto es que el equipo de Löw no pudo rascar bola en la final de Viena y acabó hipnotizado por el «tiqui taca» español. La diferencia fue enorme. Pocas veces se había visto a los alemanes tan impotentes. El problema es que, dos años después, esas diferencias se han acortado de forma radical. A ello ha contribuido, en primer lugar, la gran mejoría del fútbol germano, que cvive una auténtica revolución. Están saliendo futbolistas jóvenes y con clase, fuera del molde del caballero teutón trotón e infatigable. Ahí están Müller, Khedira, Ozil, Boateng, Cacau... Tampoco hay que extrañarse. Al fin y al cabo, hablamos del país de Beckenbauer, Overath, Netzer, Schuster y compañía. La mezcla de orígenes, la nueva sociedad alemana interracial está teniendo en la selección el efecto benéfico que tuvo en la de Francia en la década de los noventa. Por tener, los alema nes tienen ahora hasta un portero, Neuer, que no sólo es bueno, sino normal y sensato. La segunda razón por la que se han acortado tanto las diferencias entre España y Alemania tiene que ver con la propia selección de Vicente del Bosque, que no acaba de estar redonda en el Mundial.
De que aparezca o no la verdadera España dependerá su pase a la final. Contra Alemania, liderada por un Schweinsteiger cada día más maduro, no va a bastar con el juego exhibido hasta ahora. ¿Aparecerá «La Roja» deslumbrante? A saber. Hay motivos para dudarlo. Es claro que el estado de forma de algunos jugadores básicos de la selección, comenzado por Torres, Pero también hay motivos para la esperanza. Uno de ellos tiene que ver con el tipo de partido que se jugará este miércoles en el Moses Mabhida. Tras enfrentarse a ejércitos de pulgas, como escribió el domingo un periodista italiano, España peleará miér coles por fin con un equipo que le jugará de tú a tú.