Pulpo a la holandesa
Ahora que mi mujer no me lee, tuve una novia holandesa. La cosa no fue a más, pero tampoco a menos, dado que teníamos diez años. Por tanto, mi amor por Holanda me viene más de haber admirado sus canales y museos, de ser patria de Van Gogh y de Rembrandt. De su selección sé lo que veo y me cuentan, que son de temer, pero como la Roja, que irá de azul. Tras el caso de la paraguaya que había prometido desnudarse si los suyos nos ganaban, promesa que ha cumplido pese a la derrota, y se veía venir, más lo de desnudarse que lo de la derrota, ahora es el pulpo Paul quien acapara lo anecdótico. El cefalópodo adivino ha profetizado que ganará España. Gracias, chavalín, tómate algo, antes de que seas tú el tomado. Pero, ay, si no me creo eso de que hoy todos los Libra vamos a recibir una carta desde Nueva York, menos he de fiarme del Rappel de los moluscos, que además no lleva túnica. No obstante, aceptamos pulpo «como animal de compañía», que se decía en el anuncio (un gol de creatividad humorística por toda la escuadra).
Las imágenes de la Reina en el vestuario de la selección han dado la vuelta al mundo. Momento genial cuando ante la inesperada llegada de Doña Sofía los jugadores tratan de apartar disimuladamente con el pie los calcetines y las camisetas del suelo, o esa irrupción de Puyol vestido solo con la toalla, con cara de ostras, Pedrito , y yo con estos pelos . La Roja además de toque de balón, lo tiene de humor. Un buen gag de carne y hueso es un golazo de chilena, no lo ves venir y cuando quieres reaccionar ya es tarde.
Mañana no tendrá veinticuatro horas. El tiempo será aún más relativo, y hasta Paul estará pegado al televisor. Al bichín se le puede amnistiar, pero a
los holandeses hay que merendárse-
los. Con cachelos, o la vinagreta.
Siempre con gula de goles.