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Pesimismo general en Ferrari salvo en Fernando Alonso
El clima era de funeral en el bosque de las Ardenas. Acompañaba el decorado. Un aguacero descomunal a las nueve de la noche, viento, lluvia y frío descargaban sobre Spa y, claro, sobre el campamento donde Ferrari recogía los bártulos. Al pasar por allí, miradas hundidas, hombros encogidos como diciendo qué más se puede hacer y palabras con deje pesimista.
Casi todos en el equipo rojo, dirección, empleados, patrocinadores e ingenieros. Todos, menos Fernando Alonso, a quien este lunes saludaban como un líder en la prensa italiana. En vez de fustigarle por su salida de pista o por la configuración del coche para el agua que no llegó, los periódicos destacaban su inconformismo. «Yo sí me veo campeón», aseguró. La realidad, sin embargo, no se puede esconder. También se refleja en numerosos titulares el «adiós al Mundial».
El patrón de Ferrari recordó, como quien se agarra a un clavo ardiendo, el inesperado desenlace de 2007, el año de Alonso y Hamilton en McLaren que desembocó en el título para Kimi Raikkonen: «Teníamos 17 puntos de desventaja y fuimos campeones. Seguiremos presionando».