fútbol. segunda división b
La Cultural hace agua (0-3)
El equipo leonés cae en casa ante el Real Unión y la afición comienza a cuestionar el proyecto deportivo que abandera el jugón Alberto Monteagudo con gritos de desaprobación hacia el consejo

El culturalista Quique de la Mota, a la derecha, no puede sobrepasar la marca del canario del Real U
La Cultural se resquebraja. El juego de toque de Monteagudo no encuentra el resultado. Siete partidos disputados, ninguna victoria. El proyecto deportivo basado en agradar la retina de la grada comienza a perder efectivos. La parroquia se cansa al cuarto encuentro de ver perder a su equipo. Frente al Real Unión, la decepción no sólo se refiere al marcador, sino también a la pobreza transmitida en el terreno de juego. Al final, 0-3. Las explicaciones de si jugamos como nunca y perdimos como siempre sobran. En fútbol, aunque suene a lo de siempre, imperan los dígitos y de momento no acompañan al juego preciosista que abandera el preparador albaceteño, que anuncia fidelidad a su sistema.
La situación del equipo leonés pinta fea después de disputada la séptima jornada de Liga. La Cultural tiene por delante más de treinta jornadas para mejorar sus números, pero la realidad indica que el principal objetivo es la permanencia en la categoría. No se puede vender más. Otros planteamientos, con cuatro puntos en la tabla y colista, sobran.
La Cultural airea sus defectos con el paso de las jornadas. Se ha convertido en un bloque frágil. Su vulnerabilidad la conocen el resto de equipos del grupo. Todos saben que el sistema Monteagudo encanta a la grada pero está reñido con la efectividad. El equipo adolece de un rematador de área, ese gigantón que tanto echa de menos el entrenador culturalista. También falla la defensa, tanto por el centro como los laterales. No son los únicos defectos que manifiesta el conjunto leonés.
La portería no está a la altura. Un domingo sí y otro también, los errores se acumulan. Calzado y Crusat han hecho méritos para ser discutidos bajo los palos. Una pifia del portero leonés hunde a su Cultural al fondo del pozo. Leoneses sí, pero siempre que demuestren ser válidos. Ser de León no debe convertirse en patente de corso para tener prioridad sobre el resto porque se incurriría en la manida historia de las piedras y del tejado propio.
La Cultural debe despertar el olfato realizador, cerrar la defensa, con la portería incluida, y dar entrada en el centro del campo a un recogepelotas . El bloque de Monteagudo necesita como el comer un hombre que muerda en la zona ancha, que se lleve todos los balones divididos y que paralice el juego del rival, al estilo de Javi Castellano en el Real Unión. De lo contrario, la afición leonesa verá cada domingo el mismo partido.
Mucho toque, calidad a raudales y oportunidades de gol, pero triunfos del contrario. Con juego está claro que es más fácil ganar, aunque sin portero, sin defensa y sin gol es más fácil perder.
«Este fútbol que practica la Cultural es muy bonito para el espectador, pero necesita acompañarse de resultados», avisó el entrenador del Eibar, Manix Mandiola, cuando visitó el estadio leonés a las dos semanas de iniciada la Liga.
Dos meses después, el conjunto leonés se mantiene fiel al sistema, precisamente cuando Álvaro Cervera repitió la moraleja pero con distintas palabras que su colega del Eibar: «Cuando voy a jugar al fútbol a la playa, lo hago para divertirme, pero en un campo de fútbol profesional manda el resultado y aquí voy a ganar». La Cultural es colista.