«Da orgullo escribir tu nombre junto a los campeones históricos»
La lucha leonesa tiene mañana una cita con la historia. Y uno de sus más grandes luchadores, otra. Setente y siete veces se ha celebrado ya el coor del Campeonato Campeonato Provincial. Y doce veces se ha llevado el cinto de plata, el que señala al ganador, Héctor García, conocido en la lucha como El Divino. Si el domingo, mirando al cielo, como es su costumbre, gana, habrá batido un record. Doce hebillas de plata, más una que espera para la Historia.
Será mañana, día grande para la la lucha leonesa y su Provincial número sesenta y siete (el de los mayores , porque previamente, el sábado, podrá disfrutarse la genialidad de la Base y los Juveniles en el que a ellos convoca). Una larga historia.
En 1931 dio inicio un trofeo que constituye uno de los más antiguos con continuidad y vigencia de los que, en cualquier disciplina deportiva, tienen lugar en España.
Aquel primer Provincial elevó a la leyenda la figura de Juan Antonio Suárez. Uno más (el del 33) logró el singular Sastrín de Rucayo , antes de que la incivil negrura pusiese fin a su vida.
Desde aquel inicio, y con las excepciones obligadas por las armas y alguna otra miseria, casi setenta oportunidades ya de inscribir en una hebilla de plata el honor de ser Campeón Leonés de la Lucha.
Entre los más destacados en el palmarés, Eutiquiano Urdiales El Maestro de Nava de Los Caballeros, Cayo de Celis Cayuso de Villaobispo, Bernardo Álvarez Nardi el de Villarmún... y Felipe León Viñuela, con doce títulos, al frente de la amplia nómina de magníficos. En esa posición de privilegio se situó junto al Mago de Villaquilambre Héctor García Robles, a quien después de haberle nombrado Perla de Campohermoso la Historia de la Lucha conoce como El Divino . Ese mismo apodo guerrero lo tuvo un inolvidable molinero, tan genial en la lucha como en la vida (que lucha es): Elías el de Carbajosa. Fulgencio Fernández tiene mucha responsabilidad en bautizos de los Aluches y no se escapó a ello el de Héctor. Una explicación a ese apelativo viene dada por su hábito de mirar al cielo en cada combate resuelto. Esa costumbre (tan humana) tomó especial significado tras la triste Navidad de 2004 y el adiós a un padre. Pero un año más tarde, El Divino tenía otro motivo (feliz éste), para mirar de cara a los dioses. Se llama Asier. Tiene lo guapo, noble y discreto de una dama (que para sí quisieran estos reinos de mil y cien años), de nombre Belinda.
Dice Héctor que de ese pequeño recibe lo mejor que le han dado los cielos... y que, tal como está la lucha, que le gustaría que la disfrutase, pero no que la sufriese... Pero, cada corro, hay un cinto por el que corre Asier, tras el Divino.
Son cosas que le pasan a los ungidos por los dioses, que son tan humanos.