Lucha Leonesa. Escuelas del Aluche
Aprender un luche
La escuela, imprescindible para actualizar el legado tradicional de la lucha leonesa

Los aluches, privilegio para transmitir, como en la saga de los Getino, de abuelo a nieto.
La mejor leonesa de Bretaña, Janick Le Men, continúa su labor enciclopédica, su Léxico del Leonés Actual , integrado en el gran capital que José Mª Fernández Catón nos ha legado (y exigido) a través de la colección «Fuentes y Estudios de Historia Leonesa». En el primer volúmen de la obra magna de esa bretona nuestra puede uno encontrarse con la leonesa acepción dialectal de «aprender». Cuando uno era tan pretencioso como pardal pudo burlarse de la variante que, supuestamente vulgar, confundía «aprender» con «enseñar», tanto como pudo uno despreciar usos de la nuestra lengua como «gadaña», «espingar» o «aluche». «Aprender un nido», dice la mi Janick, en la lengua de los nuestros, es -˜descubrirlo-™.
Más de mil doscientas comunidades (concejos nuestros) tiene el territorio que aún se arriesga a llamarse León . En algo menos de veinte municipios de esta tierra sigue prendido un viejo fuego; en los seis brazos del río del imposible olvido, el Ástura de quienes nos engendraron, pervive una práctica ancestral -en su día guerrera, con el tiempo festiva y en la medida de lo avanzado deportiva- que se dio en llamar «aluche» o lucha leonesa.
Toda tradición es reo de sufrir la mudanza de los tiempos y pocas gozan del privilegio de trasladarse con la viveza que por siglos lograron acumular. Parece cierto, por otra parte, que existe como una especie de ley de la generación alterna, que hace posible que el abuelo reavive en el nieto lo que el directo heredero pudo minusvalorar.
Por siglos se ha transmitido en tierras de León (como en otras) una fórmula de lucha que es mucho más que su actualizada práctica deportiva. Por generaciones se ha podido aprender la lucha en el propio entorno en que la lucha vivía. Pero los tiempos cambian y con ellos el medio. Lo que en las eras de cualquier ribera o sobre las duras losas de patio de montaña (como el de la mítica Cuna ) se compartía, ya no es oportunidad habitual. La ciudad arrastra y el bowling es más próximo que el castro, el pressing catch que lo de la cadrilada. No obstante, al paso de los tiempos siguen haciéndole frente tanto la integridad de algunos abuelos cazurros como la entereza de ciertos «extraterrestres» que siguen convencidos, y empeñados en convencer, de que vale la pena enseñar lo nuestro. Muchos de ellos tan campeones en el enseñar como en el propio luche.
El próximo sábado, a partir de las once de la mañana, al arrullo del padre Ástura, en la Mansilla de Justina, tendrá lugar un encuentro de nuestra lucha leonesa. No saldrán al corro en esta jornada gallos de los que hacen primera página de los papeles y de la historia, pequeña, pero tan grande porque es nuestra, de esta cosa del cinto leonés. Serán más pequeñines, menos atractivos a los focos noticieros, quienes se agarren en este Trofeo Interescuelas , organizado por la Diputación. Si alguien quiere aprender, la mejor Escuela les tiende allí su cinto más prestoso.