Diario de León

fórmula 1. La carrera que decide el mundial

Hoy puede ser un gran día

Alonso sale tercero tras Vettel y Hamilton pero por delante de Webber, su gran rival por el Mundial. Si el alemán convierte su pole en victoria, al español le vale el cuarto puesto para ser tricampeón

Fernando Alonso conduce su monoplaza durante la tercera sesión de entrenamientos en el circuito de Y

Fernando Alonso conduce su monoplaza durante la tercera sesión de entrenamientos en el circuito de Y

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Carlos J. Carabias | Abu Dhabi
León

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En el frenesí de Abu Dhabi, de una final con todos los honores y un clima electrizante del que prenden chispas como rayos, el protagonista de todas las miradas, todos los saludos, todas las reuniones y todo lo que tenga que ver con el negocio, va y desconecta. Fernando Alonso apagó el receptor, se recluyó en su mundo interior y dio crédito a su sentencia de la noche anterior.

«Cero nervios, de verdad». Lo dijo ante un cerro de periodistas que inquirían por la presión del momento, la soledad del campeón, el tráfico de sensaciones personales... «Supongo que cuando vaya a la parrilla el domingo, tendré algo en el estómago», deslizó como quien oye llover. Este sábado se puso en situación para asaltar su tercer título, en el océano de arena de la península arábiga. Sale tercero, delante de Webber (14.00 horas, La Sexta).

El altavoz del gran hermano resonaba por todos los rincones de la Fórmula 1. Venía Red Bull con su colección de «poles» en clara amenaza para el ovetense a partir de un doblete. La secuencia Webber-Vettel o viceversa había evocado tantas pesadillas en los debates del aficionado que su fractura supuso un rejón en la línea de flotación de los toros rojos. Análisis directo, concreto, como el lenguaje de los signos de la Fórmula 1: malo para Red Bull, bueno para Ferrari.

Aguanta las banderillas de la prensa inglesa, que insiste en cada intervención global en los siete puntos que obtuvo en Alemania por radio control para desgracia de Massa. Conserva la calma frente a los vaticinios que apuntan al gobierno de Red Bull. Y administra con sabiduría los resultados parciales. Por la mañana, en la tercera sesión de entrenamientos libres, los toros volvieron a repetir baile a dúo en las primeras posiciones. «Red Bull siempre es favorito esta temporada», contesta él como un autómata en su frase predilecta de los últimos tiempos. Y lo dice sin ánimo pendenciero frente a su equipo porque se ha mimetizado en el ecosistema Ferrari como si el tiempo se hubiese detenido.

En ese contexto, el asturiano volvió a sacar lo mejor de sí mismo. Una probada sagacidad para estudiar el terreno, calibrar las fuerzas y lanzar el ataque en el momento preciso. La clasificación fue un examen para la templanza de los protagonistas. Con todo por ganar y de perdidos al río, Vettel consiguió la «pole». Otra dentellada del escualo que peor lo tiene del trío para ganar el campeonato. Hamilton saltó desde lo alto de una catarata: lo tiene casi imposible. Saldrá segundo. En el recuento del escalafón, Webber hundió la puntita de la espada en su propio estómago. No consumó el harakiri porque la carrera se disputa el domingo y queda probado desde tiempo inmemorial que todo puede pasar en la F-1, pero la respuesta del australiano fue blanda, insípida, muy próxima a la decepción que nadie advirtió en su campamento.

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