Diario de León

la otra cara de...

«Soy un pastelón, me gusta el final feliz»

El futbolista de Talavera de la Reina entrenó con Iker Casillas, Puyol y Del Bosque cuando sólo era un niño Ha logrado en sólo tres meses seducir a una afición desencantada. El delantero toledano Pepe Mena (28 de septiembre de

El delantero de la Cultural José María «Pepe» Mena, en la cocina de su casa.

El delantero de la Cultural José María «Pepe» Mena, en la cocina de su casa.

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sergio c. anuncibay | león
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Algunos de sus gustos regatean un aspecto físico robusto. El delantero de la Cultural José María «Pepe» Mena tiene en la comedia romántica su cine de cabecera. «Soy un poco pastelón, me gusta el final feliz», reconoce el futbolista nacido en Talavera de la Reina (Toledo) hace 32 años, el 28 de septiembre de 1978. Sus películas favoritas lo encasillan en un género donde los malos nunca ganan y los buenos rara vez mueren. Él, como los personajes de esos filmes, es un galán del área al que las cosas hoy no le van del todo bien. En busca de la felicidad , de Will Smith, es su largometraje preferido, pero también saborea los dibujos animados pese a que hace tiempo que digirió la infancia. «Hoy en día, las películas que hace Walt Disney son súper reales», justifica, mientras intenta contener una sonrisa que atisba otra sorpresa: «Hermano Oso también es de mis favoritas».

Es futbolista, pero tuvo muchas papeletas para acabar como mecánico. «Mi padre tiene un taller y yo con los estudios era un poco vago. Me gustaba estar al lado de él, el contacto con la gente, y cuando hice alguna chapucilla me pareció una forma muy honrada de ganarse la vida», asegura. Lleva tres meses en León, tiempo suficiente para seducir a una afición algo desencantada. Es el más querido y el máximo goleador, con cinco dianas.

Vive en un piso de «soltero» junto a la ribera del Bernesga, en el Área 17. Parece una persona ordenada, extrovertida, al que le gustan las cosas en su sitio. «Soy muy casero. Aquí he hecho un grupo muy bueno de amigos, con David, Orlando y Quique. Normalmente nos reunimos en casa», revela el delantero talaverano, que dejó a su familia a los trece años para dedicarse al deporte rey. «Aunque el fútbol te quita mucho tiempo, estoy muy a gusto en esta ciudad, me encuentro muy bien y el cariño que me ha dado la afición es sensacional», agradece. Conoce el Barrio Húmedo «perfectamente». Le cautiva la cecina. «Está espectacular con algo de pimienta y aceite», alaba.

Pero las cosas no están para manjares. La situación de la Cultural, anclada desde principio de temporada en los puestos de peligro, contiene el ocio. «Hace mucho que no salimos porque las condiciones en las que estamos no son para andar por ahí», asegura Mena, quien sí pudo disfrutar, al menos en la pretemporada, de la vida nocturna de la ciudad. «Cuando teníamos algún día libre, como cualquier chaval joven, hemos ido a tomarnos unas cervezas o unos vinos, pero ahora somos conscientes de que, aunque estemos sacando la cabeza del pozo poquito a poco, no están la cosas para ir de fiesta», asume el artillero del conjunto leonés, quien pasa el tiempo viendo cine, echando partidas a juegos de mesa y, de vez en cuando, picándose con sus amigos a la Play Station, que tiene en su salón.

No ve la tele prácticamente nada. «Tengo un canal contratado para ver películas y deporte, lo demás no me interesa, sólo el telediario de las tres de la tarde porque me gusta estar enterado de lo que pasa», sostiene. Es adicto al pop nacional y cuando puede pone como música de fondo a Modestia Aparte o a Eros Ramazzotti. En esto es igual de romántico.

Jugó al tenis cuando era más pequeño y hoy, con los años, prefiere el pádel. «Solía practicarlo bastante, pero ahora no puedo porque tengo molestias en la rodilla y es un deporte incompatible con el fútbol», lamenta.

Ha estado en diez equipos distintos a lo largo de su carrera deportiva. Debutó con el Celta de Vigo en Primera División y militó en el Xerez de Schuster. Además, estuvo en la cantera del Real Madrid y en las categorías inferiores de la selección española. Del conjunto blanco, sólo guarda recuerdos vagos, enfocados en algunas fotografías que le revelan una buena experiencia, disfrazada de anécdota con el paso del tiempo. «La realidad es que estoy jugando en segunda división B, en la Cultural, y estoy súper orgulloso. Eso es parte del pasado», considera. Coincidió con los campeones del mundo Casillas y Puyol en el combinado nacional, cuando sólo era un niño. Y estuvo al cuidado de Vicente del Bosque durante su etapa en el Real Madrid. «Era el coordinador de la cantera, hacía un poco de padre para todo, era igual de cariñoso que ahora, aunque cuando te echaba la bronca se le arrugaba el bigote y te intimidaba», recuerda.

No piensa a largo plazo, prefiere centrase en un futuro inmediato. «Me gustaría que la Cultural estuviera en mitad de la tabla para tener un poco de estabilidad, tanto en el club, como en la plantilla», explica. No le importaría seguir en León -”tiene contrato hasta final de temporada-”. «Si no puede ser no pasa nada. Yo soy un profesional de esto, pero me siento muy a gusto aquí», traslada. Quiere demostrar que aún tiene mucho fútbol en las botas.

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