Diario de León

Qué fue de... Pepe Ramos. Ex jugador de la Sociedad Deportiva Ponferradina

Un jugador de otro tiempo

Durante once temporadas vistió la elástica blanquiazul, pero abarcó en global un par de décadas, pues el jugador de Cubillos del Sil estuvo en cuatro etapas distintas en

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francisco otero | ponferrada
Ponferrada

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Pepe Ramos nació el 5 de enero de 1961 en Cubillos del Sil. Curiosamente, tuvo una trayectoria paralela a la del actual secretario técnico de la Deportiva, Tomás Nistal. Ambos son del mismo pueblo y coincidieron en unos cuantos equipos. A Ramos lo hizo debutar Caeiro en el primer equipo de la Ponferradina, subiéndolo del juvenil que dirigía Jesús Tartilán. Militó además en la Cultural (tuvo tres entrenadores en una temporada: Fernando Álvarez, Aguinaga y Carrete), en el Numancia, en el Rácing de Ferrol, en el Rácing Portuense (donde coincidió con los bercianos Nistal, Arienza, Martínez [padre del actual jugador del filial Borjina] y Pedro), en el desaparecido Palencia CF y en el Atlético Bembibre. Cariñosamente Ramos era conocido como «Cubatas». Casi todo el mundo que le conoce y que le vio jugar apunta y coindice en que pudo llegar mucho más alto en el fútbol, pues le sobraba clase. Dicen que era un gran competidor, un portento físico, un jugador de raza y un comodín. Se adaptaba a ambas bandas, jugando sus mejores años como lateral, aunque en su última etapa en la Deportiva jugó de mediocentro. Dicen que le faltaba golpear mejor al balón.

Ramos guarda muy buenos recuerdos de algunos momentos y también de bastantes compañeros de equipo, aunque el primer nombre que se le viene a la cabeza es el de Jesús Tartilán, al que tuvo de entrenador en la Deportiva, en el Numancia y en el Rácing de Ferrol. Posiblemente el mejor momento vivido fue el ascenso de 1987 a Segunda División B, obteniendo el título de Liga por delante de la Cultural. Era la primera vez que el equipo lograba el salto a esa categoría. En lado de los malos recuerdos, posiblemente tres de los que antes se le vengan a la cabeza a los buenos deportivistas: la derrota ante el Erandio en casa a principios de los años 80, cuando dirigía al equipo Nino Cubelos; la pérdida del ascenso a Segunda División B en 1986 en el Luis Sitjar ante el Mallorca Atlético, después de un gran partido de Ramos en Elda en la vuelta de las semifinales del play off; y el «Caso Galarraga», ya en el final de la carrera deportiva del jugador en las filas ponferradinas: «No nos enteramos nadie hasta que se hizo público, aunque luego, a toro pasado, atamos cabos sobre algunas cosas a las que no le habíamos dado importancia antes de que sucediese».

Su último partido oficial con la Deportiva fue el 18 de mayo de 1997. La Deportiva tenía que ganar y que no lo hiciese el Zamora. En Laguna de Duero el equipo blanquiazul ganó 1-2 con nueve jugadores y defendiendo en la parte final sólo con Cachu Prieto y Rubén Ordóñez. La Deportiva venció 1-2, remontando el gol del equipo vallisoletano; sobreponiéndose al lamentable arbitraje de García Castrillejo; y posiblemente con la mejor actuación como portero de la Deportiva de David López. Precisamente los expulsados fueron Lalo y el propio Ramos. Posiblemente una mayor victoria le hubiera servido a la Deportiva para clasificarse para el play off, pero la sanción de la compra del partido ante el RCD Ríbert se lo hubiese impedido finalmente. Ese verano se produjo una de múltiples anécdotas, justo cuando iba a colgar las botas. De la mano del presidente entrante, Delfrido Pérez, y de los anteriores, Lisardo y Martín Pérez, recibía un homenaje en un partido de pretemporada. Pero a los pocos días fichaba por el Atlético Bembibre.

Otras dos anécdotas nos recuerdan a uno de los grandes futbolistas bercianos de aquella gran saga de la década de los 80. Antes de un partido se colocó en la camilla de masaje y le dijo al recordado y añorado Milocho que él iba a ser el primero al que le tenía que dar dicho masaje. Las risas inundaron el vestuario cuando Arlindo Cuesta dio la alineación y Pepe no estaba en el equipo inicial, aunque era un fijo en las alineaciones. Otra muy conocida se produjo en un viaje a Galicia y también tuvo a Milocho como coprotagonista. El jugador se colocó en la parte de atrás del autobús para poder dormir. Al llegar al destino, el plantel se fue a comer, pero Milocho decidió no llamar a Ramos y dejarle que siguiese durmiendo en el autobús. Cuando se despertó y vio que se había quedado sin comida, cogió un cabreo monumental.

Fue un futbolista de otro tiempo, un jugador de los que quizás hoy por hoy no tiene la Deportiva y que lo necesita. Uno de esos jugadores que caía bien a la grada por su casta, como sucedió después con Juan Fuentes.

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