León muere en la orilla
La ansiedad por recuperar la senda de triunfos y el cansancio fruto de un banquillo con pocos efectivos acaban con las esperanzas de los de De Grado frente a un Melilla que sólo vio la luz en el último cuarto

Seawright lanza a canasta ante la oposición de Foote en la acción que supuso el 31-42.
Baloncesto León ya no es tan fiero en casa. O eso al menos es lo que demostró ayer frente al Melilla, rival que como ya hicieran Palencia y Murcia pescó en el Palacio (62-72) en un choque en el que la necesidad por resarcirse de los últimos tropiezos ligueros pesó como una losa a los locales que, después de recuperarse de un mal inicio en el que llegaron a ir perdiendo por 14, lograban darle la vuelta a la tortilla en el tercer cuarto. Pero faltaba el último y definitivo en el que la ansiedad y el cansancio dejaron en bandeja el triunfo a los norteafricanos. Eso sí, a pesar de todo ello León se mantiene quinto empatado con el Cáceres.
Los locales saltaron precisamente a la pista con unas ganas a veces excesivas de agradar. Querían hacerlo todo bien para borrar los últimos tropiezos. Pero salió todo lo contrario. De un plumazo los norteafricanos habían alcanzado una renta de cinco puntos (2-7). La precipitación en las jugadas de ataque y la falta de precisión ante el aro hacían excesivo daño en los de De Grado que a pesar de dominar el rebote se encontraban con un enemigo certero a la hora de culminar sus jugadas ofensivas. A poco más de dos minutos para cerrar el primer cuarto el rasguño se convertía en herida (8-16). Ni los cambios en el quinteto inicial daban sus frutos. Porque a pesar de plantar una más que aceptable defensa, el ataque espeso de León le impedía situarse a la estela del Melilla. Y es que en los diez primeros minutos sólo Julio González (6), Seawright (4) y Jorge García habían «mojado» en el aro rival. Poco bagaje para intentar optar al triunfo. Y menos si uno de sus artilleros como Quezada se quedaba en blanco tras cuatro intentos fallidos.
Esa circunstancia no podía desembocar que en otra cosa que en el 14-14 con el que el electrónico despedía la primera entrega. Había que reaccionar. Y pronto. El Melilla era un enemigo muy peligroso y no quedaba otra cosa que apuntalar las facetas del juego deficitarias para sacar la cabeza. León lo intentó con un intercambio de golpes deportivamente hablando que en un primer momento evitó que su desventaja se fuera a mayores dígitos y posteriormente a reducir distancias. Pero los norteafricanos volvieron nuevamente a la carga y con sus lanzamientos desde el perímetro lograban superar la decena de puntos de renta. Al descanso 34-45 y 20 minutos por delante para intentar otra proeza.
Esta empezaba a escribirse con la canasta inicial de Jorge García. León era otro. De los 11 puntos en contra se pasaba en apenas cinco a la mitad con un triple incluido de Bernabé. El base fue decisorio en el renacer de los de De Grado, que con el aliento de la grada llegaron incluso a empatar a 3.38. De nuevo fue un lanzamiento desde los 6,75 de Jorge García el que devolvía la intensidad al pulso. León estaba lanzado y al Melilla empezaba a encogérsele el brazo. El resultado, el 53-51 1 un minuto para cerrar esta entrega que se sellaba con el 57-54. El horizonte era mucho más esperanzador e incluso en los aficionados ya se vislumbraba otra gesta.
Todo parecía a favor de los leoneses. Pero si con el marcador en contra habían firmado su mejor faena, cuando lograron el liderazgo en el electrónico la cosa varió. Precipitación en el lanzamiento fruto de querer matar el choque cuanto antes y el cansancio propio de un banquillo con pocos efectivos devolvían a los melillenses a la delantera. Y es que León sólo fue capaz de anotar cinco puntos en los diez últimos minutos, ninguno de ellos en los cuatro decisivos. Melilla sí estuvo certero y se llevó el gato al agua (62-72).