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Golpe de autoridad
Contador da un hachazo de campeón en un puerto de segunda y saca más de un minuto a Andy Schleck

Alberto Contador, a la izquierda, y Samuel Sánchez a su llegada a la meta de la decimosexta etapa de
«He hablado con Samuel en plena carrera y le he dicho que iba a atacar en el último puerto. Es con el único que lo he hecho. Me ha dicho que iba justito. ¡Ha sido una pena! Si llega a estar bien hubiéramos sacado más tiempo». Contador acababa de salir del control antidopaje. Le habían pasado la toalla por la cara. Le lavaron. Atacó, poniendo por delante su amor propio que se impuso a la razón. Utilizó más el corazón que la cabeza en una etapa ganada por el campeón del mundo, Thor Hushovd, la segunda, que continúa mostrando un rendimiento en las subidas óptimo. El puerto de Manse tiene 9,5 kilómetros de ascensión, con un porcentaje del 5,2%. Nada destacable. La gente estaba a los lados de la carretera con paraguas, resguardándose de la lluvia. Como en muchas otras etapas. Contador iniciaba su acoso y derribo en una lectura inteligente de la situación.
Sufrimiento. En una etapa en constante subida, con lluvia, en la que se recorrieron ¡51,4 kilómetros en la primera hora!, alguien escondía detrás de la las máscaras en las que se convirtieron las caras de los ciclistas pequeños dramas. Entre el casco, las gafas, el barrillo de la carretera y el buff, nadie conoce la realidad que hay en su interior. La única forma de saberlo es ponerles al límite. El agua deja las piernas de muchos ciclistas duras, como plomos, y son incapaces de poder reaccionar a un ataque. Contador lo sabía. Por eso habló con Samuel, su amigo, para encontrar una aliado sólido y abrir la veda de caza segundos contra sus rivales.
La historia comenzó a escribirse más lejos que nunca de la llegada. A doce kilómetros, Contador salía por la izquierda y conseguía unos metros. Thomas Voeckler y Andy Schleck le seguían. Cadel Evans restablecía la situación. Contador no paraba. Buscaba víctimas, hombres caídos, derrotas no sólo físicas, sino morales. Evans salió a por él en su segundo intento. Andy Schleck y Voeckler cedían.
Samuel Sánchez conocía el guión que se iba a escribir y eso le salvó. Se enganchó al vagón del éxito a duras penas, apretó los dientes y sufrió para seguir a Contador. Sabe que en una subida tiene que conformarse con aguantarle y lo hizo. Cadel Evans, Contador y Samuel Sánchez incendiaban el inicio de los Alpes. El futuro es hoy, el Galibier y Alpe D´Huez pueden esperar. Contador seguía inquieto. Volvía a moverse. Voeckler tenía que trabajar por detrás. Andy Schleck se perdía en la bajada, donde Cadel Evans se deslizaba como si estuviese en una pista de hielo.
Contador y Samuel Sánchez daban relevos intentando acercarse al australiano, que les sacó tres segundos. Más que el tiempo perdido, lo que llamó la atención es la forma en la que Evans rodó, tanto subiendo como bajando.
Una encerrona. Samuel Sánchez, con el rostro demudado por el esfuerzo, de la intensidad de los kilómetros finales, fue sincero: «He colaborado lo que he podido. No podía más. Alberto ha estado formidable.
¿Sorprendido? ¿De quien, de Alberto?. Ya lo había dicho. El único corredor capaz de darle la vuelta a la carrera es él». Calificaba la jornada de «día formidable. Alberto me avisó durante la etapa que iba a atacar . Le dije que si tenía fuerzas, para delante, pero que no iba bien. He hecho lo que he podido. No es querer, hay que poder seguir a Contador». Los destrozos han sido importantes. Nadie sabe la realidad de un Contador que se ha quejado poco. Hay un detalle importante. Saxo Bank tiene dos médicos. Cada uno está una semana en el Tour. Cuando le ha llegado el relevo al que se encontraba en la prueba ha dicho: «Creía que lo que tenía era mucho menos. Tanto la rodilla como la cadera han estado muy tocadas, demasiado. Otro corredor se hubiera bajado de la bicicleta». Si Contador sigue en carrera es porque va atacar, hasta donde le deje su actual estado físico. Mientras, Noruega continúa batiendo récords en el Tour.