Diario de León

Isio, su única pasión se llamó correr

Piloto en los 60 y 70, nunca pudo correr en su casa, La Bañeza, la ciudad que le vio enamorarse de la moto con la que, hasta su muerte, compitió en escenarios como Le Mans y la Isla de Mann

Dionisio Amigo «Isio», con el número 98 en su montura en una de las muchas carreras que disputó a lo largo de su vida deportiva.

Dionisio Amigo «Isio», con el número 98 en su montura en una de las muchas carreras que disputó a lo largo de su vida deportiva.

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M. Ángel Tranca | león
León

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Llevaba a La Bañeza en la sangre, lo mismo que su pasión por las motos que le llevó a competir en casi todos los escenarios posibles de Europa. Para su desgracia no pudo hacerlo en la carrera que amaba, el Gran Premio de Velocidad que cada mes de agosto convierte a la ciudad en la capital mundial del motociclismo. Su nombre, Dionisio Amigo «Isio», no dirá nada a los más jóvenes pero sí a aquellos contemporáneos de las décadas de los sesenta y setenta que, a pesar de la distancia, se hicieron eco de sus aventuras sobre una moto, bien fuese la Derbi Ran, réplica de la que en su día coronaba a Ángel Nieto como campeón del mundo, o la Bultaco Metralla.

Isio nació con las motos a la puerta de su casa, la pasión que le llevó a ya de adolescente tener un único sueño: poder emular a los hermanos Grau, Ángel Nieto y tantos otros que hicieron de sus gestas en el Gran Premio de Velocidad el mejor escenario para convertirse en recordados campeones.

Eso sí, para ello tuvo que trabajar de forma dura, primero como camarero en el por el entonces bar «San Cristóbal». Su vida no fue fácil y por motivos familiares tenía que hacer las maletas. Dejaba atrás su Bañeza con la que a lo largo de su vida mantendría una relación de amor-odio. Alguna que otra vez regresaba de incógnito pero nunca para demostrar por esas calles por la que había jugado y paseado, en este caso a los lomos de una moto, su raza de piloto, la misma que le llevó a sobreponerse de innumerables caídas. Porque Isio, a pesar de su coraje, se tuvo que conformar con premios menores y muchos golpes a lo largo de los más de 12 años federado. Algún amigo recuerda que Dionisio, Isio, tiene a gala de ser el único piloto bañezano federado que ha competido en circuitos como Le Mans o la Isla de Mann. «Defendiendo al Moto Club Bañezano han sido muchos los que han paseado el nombre de La Bañeza por buena parte del mundo, pero no eran nacidos aquí», apunta. «Isio sí lo era y a pesar de que pocas veces se prodigaba por la ciudad siempre la llevaba no sólo en su mente, también en un espacio visible».

De La Bañeza a Irún. Allí, en tierras vascas fue donde desarrolló parte de su vida, la que los años y golpes que siempre da la existencia le permitieron llegar hasta que en 1985 Isio dejaba de soñar con ser un campeón. Hasta su muerte gran parte de sus ingresos, los que le reportaba el trabajo en Laminaciones de Lesaka, los destinaba a su pasión, la moto. Los ahorros se quedaban en nada pero al menos podía compartir parrilla con los grandes mitos de este deporte.

Su muerte no aparecía en las esquelas. Tampoco han trascendido sus gestas más que en forma de resultados sí por la dificultad que entrañaba competir. Algún amigo aún le recuerda al lado de otro de sus compañeros inseparables, Pablo. Eso sí, parte de su legado queda en el espíritu aventurero y motociclista de un bañezano que recorrió el mundo en moto, la pasión que le cautivó desde niño. También en algunas de las motos que tras su muerte fueron subastadas y hoy en día pertenecen a otros dueños, su ‘joya’ la Derbi Ran del 68, la Derbi 74 del año 1986 y una Bultaco Metralla.

Incluso este fin de semana en el que las motos se convierten en el epicentro dinamizador de La Bañeza y en el mejor espejo de la pasión por este deporte en la ciudad, alguno de sus coetáneos harán memoria para recordar, aunque sólo sea vagamente, la estampa de ese bañezano vestido de negro que con su moto hizo realidad sus sueños.

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