QUÉ FUE DE... Willy Villar Ex jugador de baloncesto león, artífice del primer ascenso a la acb
La batuta de una liga histórica
El base grancanario fue protagonista del primer ascenso de León a la ACB. Vivió los días más felices de Baloncesto León, los que llevaron al club a la élite. Tres temporadas llevan su sello, el de un jugador de clase y garra que llegó a ser calificado como el nuevo Corbalán. Su nombre junto al de Herreras, Puente y Xavi Fernández sigue presente en el recuerdo de la afición.

Llegó a León en el verano de 1989 para firmar su primer contrato como profesional. Y en sus tres temporadas en el club lograba protagonizar parte de los días más felices de un plantel que bajo la batuta de este canario, considerado como el heredero de todo un mito como Corbalán, alcanzaba el ascenso a la élite en la temporada 1989-90 y posteriormente tutear a transatlánticos como Real Madrid, Barcelona y Joventut.
Willy Villar vivía de primera mano las páginas más gloriosas de un club en el que coincidió entre otros con Herreras, Samuel Puente o Xavi Fernández. «De todos guardo un gran recuerdo porque con ellos viví momentos que aún recuerdo con emoción. En León pase los días más bonitos de mi carrera y eso nunca se olvida». Willy recuerda que lo del baloncesto le vino de su hermano, «en Canarias yo empecé en el fútbol, como muchos de los niños. Pero mi hermano, que tenía tres años más que yo, me metió el gusanillo. De los dos yo llegue más lejos quizñas porque él se centró en los estudios y a mí me llegaba una oportunidad de oro cuando tenía 14 años. Nada menos que el Real Madrid se había fijado en mí, un chaval canario. Eso me cambió la vida para centrarme exclusivamente en este deporte» apunta.
En las categorías inferiores del Real Madrid se fue ganando una fama que plasmaba sobre la pista. Internacional en categorías inferiores muchos le consideraban como el relevo idóneo de Corbalán. Por calidad y ambición no iba a quedar aunque las lesiones empezaron a poner piedras en su camino. «Creo que hubiera llegado más lejos pero los problemas físicos lastraron mi progresión. Eso sí, siempre supe salir adelante gracias a la fuerza de voluntad». Precisamente esa capacidad de superación y carácter irreductible tenía su mejor expresión no sólo a la hora de saltar a la pista, también en el hecho de que, a diferencia de buena parte de jugadores que ‘odiaban’ el número 13, en su camiseta siempre aparecía este número. «Yo podía ser supersticioso en otras cosas pero lo del número no iba conmigo. Además, cuando llegué a León pedí que me lo dieran y no hubo problema».
Su profesionalidad le reportó un camino prolífico en el deporte de la canasta. Y en ese camino no podía faltar León que en aquel verano de 1989 le ofrecía formar parte de su proyecto. Ramón Fernández, secretario técnico del Elosúa, llamaba a su puerta con un contrato en un equipo que militaba en Primera B y que aspiraba a cotas mayores. A Ramón lo conoció precisamente en el Real Madrid. Ahora en un club aún en fase de crecimiento volvía cruzar su camino.
Durante tres temporadas exhibió su enorme talento hasta que lle llegó la hora del adiós. «Si por algo me he destacado es porque he sabido siempre cuando ha llegado mi hora. Sabía que mi etapa en León llegaba a su fín. Primero porque consideraba que iba a jugar pocos minutos y luego porque había que dejar paso a los más jóvenes, entre ellos Josines. Mi adiós fue de mutuo acuerdo y como amigos». Todo un señor que, a pesar de la distancia, no se olvida de un club en el que sigue siendo, a pesar del tiempo, uno de sus mitos. «Han pasado casi dos décadas y aún guardo muchos amigos. También la ilusión de que a corto plazo pueda regresar a la élite. «Sé que no atraviesa sus mejores años a nivel económico pero confío en que las cosas vayan a mejor. Tienen un presidente como Joaquín Rodríguez que está demostrando una gestión sobresaliente, una imagen notable en el mundo del baloncesto y además una afición que para sí quisieran muchos. Ese es un gran aval para retornar a la ACB».
Lo dice uno de los heroes del ascenso a la ACB de León, el primero y sin duda alguna el que sirvió de mecha para unos años entre la élite que situaron al club y la ciudad como referente de este deporte. «Siempre que miro el nombre de León me emociono. Es mi segunda casa y donde más disfruté como jugador».