Diario de León

DEL OLIMPO A LA PENURIA

«Ahora nadie se acuerda de que fui campeón»

El ex boxeador Perico Fernández suplica ayuda para escapar de la indigencia.

BAGUÉS

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A. Gómez | Zaragoza
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Han pasado 37 años desde que Perico Fernández fuera mundialmente conocido: «¿Tú sabes lo que es ser campeón del mundo de un deporte tan duro como el boxeo? Pues eso lo fui yo», asegura. Perico venció a Furuyama por puntos en 15 asaltos y se proclamó campeón del mundo superligero en 1974. La fama le llegó a golpes y luego ha sido la vida la que se los ha dado. No tiene casa, trabajo ni dinero. Nunca ha cobrado el paro, ni subsidio, ni pensión: «Cuando eres campeón, son todo amigos. Cuando no lo eres, ¿esos amigos dónde están?».

Sus combates valían millones. Ahora vende sus cuadros a sus amigos. Unos amigos que le están preparando un homenaje que le recuerde que un día el mundo fue suyo. Y es que el día a día de Perico es desalentador. El ex boxeador no tiene un lugar donde dormir y lo hace gracias a la generosidad de un amigo suyo desde hace años, José Luis Mariscal, que regenta un club del alterne en la capital aragonesa y le deja una cama cuando cierra. «Él llega a la hora de cierre. Se toma un zumo, porque alcohol no le doy, y se echa en una habitación a dormir. Guarda sus cosas aquí y en un trastero que tengo alquilado», explica su benefactor.

El ex boxeador no tiene fuente de ingresos salvo los cuadros que pinta y que suele vender a sus conocidos. Ante esta situación varios de sus amigos pretenden hacerle un homenaje cuyo objetivo es recaudar dinero para poder paliar en parte su apurada situación. A lo largo de su vida Pedro Fernández nunca se ha caracterizado por tener un verbo fácil, pero siempre ha sido claro. «Me he gastado todas las perras, que también las he ganado. Que me quiten lo bailao».

«He tenido problemas, sobre todo con las mujeres. Con casi todas..., que te voy a decir», indica sin mostrar resentimiento pero con un tono de amargura. Perico Fernández dice haber tenido todo y ahora nada, salvo salud, aunque según cuentan sus más allegados, sí tiene varios problemas de salud y, encima, los ánimos le han abandonado. «Lo peor es encontrarse solo. Comparado a lo de antes, ahora fíjate», señala. El boxeador ya arrastraba problemas desde la década de los años 80 y por ese motivo el Ayuntamiento de Zaragoza le ofreció un trabajo de conserje, a lo que respondió, posiblemente porque su orgullo pudo más que su necesidad, que si querían un portero que fichasen a Zubizarreta.

Dice buscar una pequeña ayuda para ver si el Ayuntamiento le deja un piso para resolverle lo que le queda de vida a sus 58 años. «Con los cuadros iba sobreviviendo. Sus amigos se han ido muriendo y cada día vendía menos. La última mujer que tuvo, que estuvo 20 años con él, lo dejó y a partir de ahí iba de pensión en pensión y luego a la calle porque no tenía dinero», dice Mariscal, que lo acogió en su domicilio hasta hace año y medio en que contrajo matrimonio.

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