Diario de León

la otra cara de...

«Crío caballos y también tuve avestruces»

El futbolista de la Cultural vive con su familia en Quintana de Raneros. Es el segundo máximo goleador del equipo y uno de los hombres más importantes en el esquema de Cembranos, pero tiene los pies en el suelo y no elucubra con su futuro.

El futbolista Álvaro López juega a las cartas en el bar San Isidro de Quintana de Raneros.

El futbolista Álvaro López juega a las cartas en el bar San Isidro de Quintana de Raneros.

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sergio c. anuncibay | león
León

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Álvaro López (24-11-1987, Quintana de Raneros) tuvo que madurar rápido. El fútbol pasó a un segundo plano cuando falleció su padre de forma repentina. Jugaba en el Jerez. Tenía sólo 18 años. «Me di cuenta de que el fútbol no era lo más importante», explica el mediapunta de la Cultural, uno de los jugadores más destacados del equipo leonés, que, con sus siete goles, sostiene en buena parte el nuevo proyecto deportivo que dirige Luis Cembranos. «Estoy muy contento con el rol que tengo dentro del equipo. El entrenador cuenta conmigo y espero poder ayudar a la Cultural a conseguir el ascenso», explica.

No va más allá, aunque no esconde su deseo de poder jugar en una categoría superior. «Ya estuve en Segunda B con el Palencia y me gustaría volver a subir el próximo año, pero prefiero ir partido a partido para luchar por este objetivo a final de temporada», afirma. Ya lo logró con La Virgen. Y jugó una liguilla de ascenso a Segunda con el Palencia de Pepe Calvo. «Ése fue mi mejor momento», responde el delantero de la Cultural, quien, tras el fallecimiento de su padre, regresó a León para competir con el Huracán Z durante dos años. Después probó fortuna en tierras palentinas y volvió a su casa cuando recibió una llamada de la Cultural, pero, aunque fichó, no llegó a disputar ni un solo minuto. «Al día siguiente me dieron la baja y el sinvergüenza de Santiago Vega y Monteagudo se tapaban el uno al otro. Me pasó lo mismo que a Diego Calzado. Luego conocí a Kike Cubillas y pude jugar con La Virgen», celebra el futbolista leonés.

Ahora tiene una nueva oportunidad. «Yo entreno muy duro para jugar cada domingo pero no siento presión, sino motivación por toda la gente que sigue al equipo», reconoce.

Pero el fútbol ocupa sólo dos horas de su rutina diaria. «Estudio Empresariales. Me queda una asignatura y espero terminar en febrero», revela Álvaro, quien no encuentra ningún tipo de dificultad para poder simultanear el deporte con su carrera. «Claro que es fácil. Sólo pierdo dos horas con los entrenamientos y, si no te pones a dormir la siesta durante toda la tarde, puedes compatibilizarlo perfectamente», subraya.

También ayuda a su madre en el negocio familiar. Va cada día al Café Bar San Isidro de Quintana de Raneros. «Allí paso mucho tiempo. Siempre estoy a la hora del café», afirma. Vive en este pueblo, perteneciente al municipio de Santovenia de la Valdocina. Tiene cuatro caballos españoles para criar. «A mi padre le gustaban los caballos y nosotros hemos seguido con este hobby. Tuve también avestruces», recalca. Vive con varios perros de caza. «Me gusta salir al campo», justifica.

Quiere seguir vinculado al mundo del fútbol cuando cuelgue las botas, aunque, sobre todo, pretende trabajar en un banco «o en el bar de mi madre» una vez obtenga el título de Empresariales.

Guarda muy buen recuerdo de Benjamín Zarandona, con el que coincidió en el Palencia. «Le tengo mucho aprecio porque me ayudó mucho y le hice bastante caso. Futbolísticamente es muy bueno», reconoce Álvaro. No ha perdido el contacto con el ex del Betis. Coincidió con él en el partido que la Cultural disputó en el Reino ante el Íscar. «Me trajo una sudadera de su selección. Y yo le he enviado algún chorizo», concluye.

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