Diario de León

Faena de altura y líderes en Europa

Un Reale Ademar inmenso hace doblar la rodilla al invicto Copenhague y encabeza su grupo en la Liga de Campeones.

Con nueve goles el lateral Antonio García fue una pesadilla constante para la defensa danesa que nunca fue capaz de pararlo.

Con nueve goles el lateral Antonio García fue una pesadilla constante para la defensa danesa que nunca fue capaz de pararlo.

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georgino fernández | león
León

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En las horas previas al choque lo anunció el técnico ademarista Isidoro Martínez. «Es un partido para disfrutar todos. Merece la pena venir». No se equivocó lo más mínimo. Lo tuvo todo. Coraje, alternativas, espectáculo defensivo, pasión, arbitraje desquiciante en algunas fases, dudas, nervios y... éxtasis final con el 28-26 en el marcador. Todo ello junto dio forma a una nueva victoria de autor de un Reale Ademar que tumbó al Copenhague, líder invicto de su grupo en la Liga de Campeones, y ocupó su puesto en lo más alto. A rey muerto rey puesto y ese es ahora el Reale Ademar.

El choque estuvo pleno de intensidad los sesenta minutos. De inicio el Reale Ademar salió con una defensa 5-1 con Stranovsky de adelantado que hace cometer al Copenhague sus primeras imprecisiones. La atención del equipo sobre el letal tirador Mikkel Hansen es total y con ayudas continuas. La cosa funciona y en el minuto tres el 3-0 lo evidencia. Pasa el tiempo y los daneses no encuentran el camino al gol. Al filo del minuto diez aún no han batido a un Álamo muy seguro bajo los palos. El técnico danés Magnus Andersson se frota los ojos para creérselo y pide su primer tiempo muerto.

Le dio resultado. ataque nórdico empieza a carburar desviando el juego hacia el pivote René Hansen. Endosan a los leoneses un parcial de 0-4 demostrando porqué son los líderes del Grupo D de la Liga de Campeones. Y la mala noticia es que despierta Hansen con dos dianas seguidas. Pero el Ademar está enchufado. Su defensa no afloja y enturbia el ataque posicional del rival. El partido se está decidiendo en la defensa porque la rocosa 6-0 que hace el Copenhague es costosa de superar como un puerto de primera categoría. Los de Isidoro Martínez cumplen las órdenes del técnico con ataques largos y con criterio y balance defensivo rápido para evitar las mortíferas contras danesas. Corre el minuto veinte y la igualdad es total: 8-8 en el luminoso del Palacio.

El Ademar mantiene su 5-1. Cuando algo funciona no lo toques. Stranovsky acusa el desgaste y le releva Borges, otro especialista. Al final de los primeros treinta minutos el equipo leonés se va al vestuario mandando por 14-12. Renta escasa pero vital.

La segunda arranca bien con una doble exclusión del Copenhague de dos de los Hansen: Mikkel y René Toft. El Ademar lo aprovecha y sube su renta hasta un magnífico 17-12. Pero el envite no admite relajaciones como lo demuestra el 0-2 del Copenhague acto seguido.

Dos tantos que sirvieron para recordar que estaban en una carrera donde el pie debía estar pisando a fondo el acelerador sin descanso. Y a fe que se aplicaron a ello. La defensa 5-1 con un Borges actuando como una perfecta «mosca cojonera» obliga al Copenhague a repensar sus ataques y lo pagan en fluidez y en errores. El resultado es que el equipo leonés aumenta su ventaja a un 22-15 que enardece al Palacio con dos contras seguidas de esas levantar a la afición de sus asientos culminadas por Ferrer y Borges.

En el minuto trece una lesión de Montoro deja al Ademar sin su techo y pone una sombra de preocupación. El ataque posicional leonés se atasca ante la defensa mixta sobre Antonio García y el Copenhague se estira. El choque pasa por momentos de incertidumbre. Los árbitros desquician al Ademar con una sucesión de decisiones inexplicables. Quedan once minutos. La renta leonesa oscila entre los tres y los cuatro goles. Baja a dos y se encienden las alarmas. A falta de cinco minutos los daneses se ponen a uno 24-23 obligando a Isidoro Martínez a pedir tiempo muerto. Cada ataque es un sufrimiento y vale su peso en oro. Intercambio de goles. Hasta que un gol de Cutura y una buena defensa permiten un robo que culmina Krivoshlykov a al contra para dejar el envite sentenciado. Y el Palacio entero en pie acaba coreando «¡León, León!». Mereció la pena.

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