xxii copa asobal | la gran final
Barcelona, el rival más fuerte
El equipo leonés vuelve a jugar una final ante el equipo al que ya le ganó dos.

Carlos Ruesga fue ayer otro de los destacados en la victoria del Ademar ante el Atlético.
Otra vez el Barcelona. El rival de siempre. Parece que el destino siempre depara al equipo leonés el mismo escollo para levantar la Copa Asobal. El primer gran trofeo que entró en las vitrinas del club leonés en el año 1998 fue precisamente una Copa Asobal que los hombres entrenados entonces por Manolo Cadenas levantaron en Zaragoza ante el todopoderoso Barcelona de aquella época. Era conocido entonces como el Dream Team por que lo ganaba todo tanto en España como en Europa. Era el Barça de los Masip, Garralda, Xepkin o Svensson. Parecía invencible y en aquel partido el Ademar le hizo humano. «Lo celebramos como si hubiésemos ganado una medalla de oro olímpica», recuerda el entonces capitán del equipo leonés, José Luis Pérez Canca.
Tuvieron que pasar diez años para que el Reale volviese a colarse en una final de la Copa Asobal y la ganase. Fue en noviembre de 2008 cuando se celebró en Barcelona. En aquel entonces también estaba como protagonista Manolo Cadenas pero en esta ocasión se sentaba en el banquillo del Barcelona una vez concluido su periplo ademarista. En el del conjunto leonés estaba uno de sus mejores amigos en el mundo del balonmano, Jordi Ribera, que llegó con la difícil papeleta de sustituirle.
El Reale Ademar llegó a aquella Copa con muy pocas opciones. De hecho no entraba en ninguna quiniela para hacerse con el título. Incluso llegaba con dudas tras sufrir un severo correctivo en liga ante el Ciudad Real. «Llegamos enrabietados porque habíamos perdido de mucho, no recuerdo si de trece goles de diferencia», recuerda el meta Vicente Álamo, uno de los pocos supervivientes que quedan en el equipo leonés además del extremo ruso Denis Krivochlykov, el extremo eslovaco Martin Stranovsky y el rocoso pivote argentino Gonzalo Carou.
Pero una vez más el equipo leonés hizo saltar por los aires el guión previsto. Tumbó en la semifinal al Portland San Antonio y se citó para la final con el todopoderoso Barcelona que se había ofrecido a organizar aquella Copa Asobal con la clara intención de conquistarla en su feudo del Palau Blaugrana.
Sin embargo en la fiesta se coló un invitado inesperado el Reale Ademar que bordó el balonamano para imponerse por un rotundo 31-25. «Fue el partido soñado por cualquier entrenador. Nos salió todo», apunta el técnico Jordi Ribera, que tiene aquel partido como el mejor recuerdo de su etapa en el banquillo ademarista.
Ahora la historia se repite. Mismos protagonistas, mismo trofeo, distinto escenario.
Y en el escenario es donde tiene ventaja el equipo leonés como ayer quedó demostrado en su victoria ante el Atlético de Madrid. El aliento y el apoyo de los más de 5.000 aficionados presentes en el Palacio dieron alas al equipo para superar los momentos más complicados y plantarse en la final.
De nuevo será necesario que se vea la mejor versión del Reale Ademar porque enfrente está el Barça, invicto tanto en liga como en Champions.