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Todos contra Pepe

El madridismo se avergüenza por la actitud pendenciera del defensa portugués en el pisotón a Messi.

Pepe es reincidente y nada ha hecho para enmendarse del zapateado vergonzoso a Casquero.

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ángel resa | madrid
León

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■ Pepe debería jugar al fútbol con una caja de ansiolíticos guardada en la media. Las bochornosas ‘artes’ de poseído que enseñó el miércoles el defensa inflan su justificada fama de pendenciero. Simuló como un actor de tercera una presunta agresión de Cesc que parecía haberle separado la frente del entrecejo, segó demasiadas veces a destiempo, con alevosía y la nocturnidad del partido, y remató su caricatura de ogro mediante un pisotón tabernario a Messi. El futbolista portugués no hace nada por enmendarse desde aquel zapateado vergonzoso al getafense Casquero.

Alguien, del despacho noble al banquillo, tendría que acotar tales desmanes que perjudican al equipo en el césped y ensucian la imagen de un club que proclama su señorío Lástima, porque Pepe muestra condiciones sobradas para el elogio de su despliegue físico, sentido táctico en la defensa, rapidez para el corte y aseada salida del balón. Es uno de los mejores centrales del mundo, pero no le ayuda la táctica de Mourinho, a quien solo se le ocurre combatir la orquesta sinfónica barcelonista con golpes secos de percusión.

El Bernabéu siempre ha aplaudido a jugadores de alta escuela (Casillas, Schuster, Laudrup, Figo, Míchel, Zidane o Butragueño), a híbridos (Raúl, Hugo Sánchez o Juanito) y a tobilleros en el sentido bravo del término (Camacho, Pirri, Santillana o Stielike). Cierto que en todos los campos cuecen habas, pero generalmente no jalea a jugadores que más que meter cabeza, riñones y piernas se dedican a tirar cornadas letales.

Pero el madridismo no solo se lamenta por las indecentes acciones del zaguero reconvertido en medio que perjudican la marca del club. También mastica la hiel de la impotencia por el planteamiento rácano de Mourinho frente al Barça, un fútbol defensivo más propio de la cartilla de racionamento que de cuanto se espera en una plantilla sobresaliente. Al menos Cristiano se salvó de la última debacle, marcó el gol al Barcelona que tanto se le reclamaba con la ayuda de Pinto y la bendición de Guardiola, pero fue rehén de una idea mezquina.

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