Campeón con una vida deportiva en el alambre
«Mi vida deportiva no ha tenido mucha tranquilidad desde el accidente que sufrí en 2004». Las palabras de Alberto Contador al finalizar la Vuelta a San Luis, donde las dos etapas que consiguió y el segundo puesto en la general se han quedado en nada puesto que las ha perdido, resumen perfectamente lo que ha sido su carrera, su vida, tanto la personal como la deportiva. Él mejor que nadie sabe cómo le ha ido y cómo la ha llevado.
Contador es uno de esos deportistas a los que se ama o se odia, en los que se cree a pies juntillas o de los que se piensa que es puro cartón. No tiene término medio. Nada ha sido fácil para él y luego, las circunstancias, muchas veces han jugado en su contra. Lo cierto es que el carrusel en el que ha movido no es fácil de llevar.
Un carrusel que de momento se ha detenido. Desde que se tuvo que buscar la vida cuando era aficionado para viajar a Gipuzkoa desde Madrid y correr en el equipo Iberdrola de aficionados, junto a Jesús Hernández, una de las pocas personas que estuvo en su casa cuando le comunicaron la sanción de dos años. Contador se ha movido en un mundo de película, en el que hay sonrisas, lágrimas, triunfos, derrotas, la gloria, el descenso a los infiernos. Hay de todo.
Marcado por un cavernoma. Al ciclista nacido para el amarillo nada de lo que le ha pasado es comparable al cavernoma que padeció en la Vuelta a Asturias de 2004, que estuvo a punto de costarle la vida. Hubo una segunda vez en plena convalecencia en su casa de Madrid. Su paso a profesionales con la ONCE le conduciría al Liberty, con el que no pudo correr el Tour de 2006, por la Operación Puerto. Fichó por el Discovery de Bruyneel con el que ganaría el Tour de 2007.
Un año después se quedaría sin correrlo por decisión de los organizadores puesto que el equipo se llamaba Astana y había tenido dos positivos el año anterior: Vinokourov y Kashechkink.
Intentó romper el contrato que le unía a Bruyneel, pero no pudo. Tuvo que soportar la llegada de Armstrong y convivir con él, en un Tour que hicieron primero y tercero. Tuvo que seguir en Astana, tras intentar romper de nuevo el contrato y después de ver que le habían hecho un equipo con retales. A pesar de todo ganó en Francia, un Tour, el tercero, que le quitan. Y llegaría el positivo que le ha martirizado año y medio y que le ha costado dos años de sanción, con carácter retroactivo. ¿Son o no demasiadas cosas en una vida profesional joven puesto que tiene 29 años?