Diario de León
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Sin afanes polémicos martín

Tres son las premisas sobre las que se alienta el silogismo de la victoria: Querer, saber, poder. Reale Ademar hizo suyas tales premisas y la conclusión, en forma de victoria, fue el premio que rubricó el partido. Hubiera sido injusto que con lo que los jugadores lucharon, la garra que pusieron y la ambición que tuvieron, no hubieran logrado la victoria. Contra el viento de un gran equipo, en cuyas filas militan jugadores de primerísimo nivel y la marea de las lesiones que aquejan al conjunto privado de jugadores con un gran peso en las alineaciones.

Desde el principio Reale Ademar fue, por añadidura, fiel a la que ha sido su arma principal, el contragolpe, con base en una buena defensa y la velocidad de sus jugadores, para llegar con ventaja sobre el adversario a la hora de tirar a gol. «Ademar a luchar». El viejo lema del equipo, careando por el gran número de espectadores que prácticamente cubrieron el aforo del Palacio de Deportes. Confianza en sus fuerzas y en su estilo, un entrenador que lo ha llevado como principal arma del juego y un entusiasmo sin límites y confianza en sus fuerzas por los jugadores. Victoria épica, me susurra al oído un veterano aficionado (que lleva el Ademar en las venas) al terminar el encuentro.

Buen planteamiento, extraordinaria defensa —arma esencial del equipo— buenas intervenciones de los porteros —apoyados en esa defensa— y un velocidad que dejó en evidencia el saber y el poder del contrario. Ni siquiera el central Karabatic, pudo contener el ímpetu derramado por los ademaristas. Quiso, puso sobre la cancha todo su saber, pero no pudo. Al final el Montpellier —que se jugaba una baza importante para su clasificación a la siguiente fase— tuvo que rendirse, después de luchar al máximo. Como broche final, el festejo del triunfo con los jugadores unidos en abrazo estrecho sobre la cancha, saltando y coreando todos el ya famoso, «Yo soy español, español», con los aficionados coreando también la canción, hecha famosa por los tenistas en la Davis.

Un gran partido, un comportamiento exquisito de las dos aficiones. En el palacio había cerca de un centenar de seguidores franceses que no dejaron de animar al Montpellier y acataron con deportividad el resultado final. Unos jugadores magníficamente dirigidos por su entrenador Isidoro Martínez que lleva al Ademar con mano maestra.

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