LONDRES 2012 | NATACIÓN
La sirena italiana vuelve a la tierra
Pellegrini, seductora, polémica y objeto de deseo para los ‘paparazzi’, pierde su título olímpico.

Pellegrini cambiará de vida y dejará las piscinas.
«La era de Federica se acaba», lloraba este miércoles la prensa italiana. Pellegrini, campeona olímpica en Pekín 2008 y diva en su país, solo pudo ser quinta en la final de 200 metros estilos. Es el final -pese a que no descarta estar en Río 2016- a una historia de éxito, talento, celos y sexo. Pellegrini ha sido la gran actriz de la natación italiana. Una estrella. «Me tomaré un año sabático», asegura. «Pasaré la Navidad con mi familia, iré a esquiar. Volveré a la universidad. Aprenderé inglés. Y seguiré nadando, aunque sin la atadura del cronómetro», desvela. Con 23 años cambia de vida, aunque seguirá con los focos detrás.
Exhibición de belleza, de plenitud, de piel. Escamas de oro. Sexo y agua. Pellegrini tiene 23 años, mide 1,77 metros, pesa 62 kilos, fue plata en Atenas con 14 años, pasó meses atrapada por la bulimia de la que consiguió salir y logró el oro en Pekín 2008. En Italia está a la altura del esquiador Alberto Tomba o Valentino Rossi. Pellegrini es la reina.
Pellegrini siempre ha dejado huella. Cuando llegó a la piscina, había otra reina, la francesa Laura Manaudou. Le quitó los podios y también el novio, el nadador italiano Luca Marin. Tórrida Pellegrini. Los tres convirtieron el rectángulo de la piscina en un triángulo de celos, rencores y miradas de reojo. Gozaban los ‘paparazzi’. Y más disfrutaron luego, cuando en noviembre del año pasado, la veneciana cambió de cromos, de distancia. De un nadador de 400 metros, Luca Marin, a un velocista de 100, Filippo Magnini. «Federica es la mujer de mi vida», jura él, que ya habla de matrimonio. «Soy una criatura de agua dulce -contesta ella, seductora-.
Con el agua te hablo». Ahora tendrá tiempo para pensarse lo de la boda.