Diario de León

LONDRES 2012 | NATACIÓN

Mireia se baña en plata

Su presea en un 200 mariposa fantástico acaba con su ansiedad y la de España.

Mireia Belmonte luce orgullosa con la medalla de plata conseguida en los 200 mariposa.

Mireia Belmonte luce orgullosa con la medalla de plata conseguida en los 200 mariposa.

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JOn Agiriano | Londres
León

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La primera española medalla en Londres 2012, ésa que tanto se estaba haciendo desear, la acabó logrando una mujer que comenzaba a sufrir a su alrededor una especie de síndrome del gatillazo. Era la gran esperanza de la natación española, la única podría decirse, y soportaba una enorme presión.

La principal, la que ella se ponía a sí misma en estos Juegos, a los que llegaba en una edad perfecta, con 21 años. Obligada a trabajar con un psicólogo dos días por semana para reforzar su autoestima y dejar de temblar en los momentos críticos, la nadadora de Badalona tenía en la piscina del Centro Acuático de Stratford un nuevo examen final: los 200 mariposa. Y lo cierto es que no eran muchos los que daban un euro por ella. Sin discutir su talento, Mireia no ha dado razones para confiar en ella a la hora de la verdad, que en la natación no es otra que los Juegos en primer lugar y, en segundo, los Mundiales.

Pues bien, la catalana rompió los pronósticos y, ya para siempre, su imagen de deportista de mentalidad débil y quebradiza. Lo suyo fue un carrerón en toda regla que le condujo hasta la medalla de plata. De hecho, estuvo luchando por el oro hasta los últimos veinte metros, cuando la china Jiao Liuyang se fue como un tiro. El tiempo de Belmonte lo dice todo: 2.05.25. Espectacular.

No sólo era su mejor marca personal, sino la tercera de todos los tiempos con un bañador textil. Son datos que hablan de la excepcional actuación de una chica presumida y tozuda cuya carrera deportiva puede dar un vuelco después de esta medalla. Dicen los que saben que Mireia es una nadadora que necesita inspiración. Ello puede ser un problema cuando las cosas se tuercen, porque ya se sabe que las musas acostumbran a aparecer cuando el estado de ánimo es propicio. Y lo cierto es que a la nadadora, tan ambiciosa o poco selectiva como para disputar seis pruebas en Londres, los resultados le estaban amargando la vida desde que en su primer día de competición quedó la última en la final de los 400 metros estilos.

Esa resaca negativa le siguió lastrando en los 400 libres y en los 200 estilos, por lo que más de uno pensó que el destino de Belmonte no sería otro que repetir el chasco de Pekín. La catalana, sin embargo, sacó la cabeza en los 200 mariposa y se presentó en la final con el cuarto mejor tiempo de las ocho finalistas. «Necesitó bajar un segundo mi mejor marca para estar en las medallas», reconoció. Belmonte, en fin, estaba obligada a traspasar su propia frontera y a hacerlo con la presión por las nubes. Eso fue lo que hizo, desde el principio de la carrera: ir más allá, a un territorio inexplorado por ella y vedado para casi todas las nadadoras del mundo, el de los 2.05 en los 200 mariposa. Un éxito que acaba con la ansiedad propia y la de la delegación española.

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