Comienza la temporada de caza menor
La campaña arranca «herida» por la crisis y la meteorología. Malas perspectivas además para la perdiz, la reina indiscutible de los campos y páramos leoneses.

Las cuadrillas con sus perros reanudan la actividad cinegética el próximo domingo.
El día 28, cuarto domingo de octubre tal y como establece la Orden General de Vedas, se abrirá la caza menor en toda su extensión. Perdices, liebres y conejos de monte, junto con otras especies menores como palomas y córvidos, así como las aves acuáticas, estarán en el punto de mira de los aproximadamente 20.0000 aficionados que saldrán al campo en esta primera jornada. Nunca la apertura de la veda ha generado tan poca ilusión, hasta el punto de pasar casi desapercibida en las tertulias de cazadores. Desde hace algunos años el declive de la caza menor se está dejando sentir y tan solo la caza del jabalí se mantiene a unos niveles aceptables.
La media veda, que se abrió a mediados de agosto, deparó pocas alegrías a los cazadores, con unos resultados francamente malos. Pero la apertura plena no ofrece mucho mejores perspectivas. El tiempo tampoco ha ayudado en la reproducción y mantenimiento de las especies cinegéticas. La extrema sequía de la primavera y el verano, que ha durado hasta bien entrado el otoño, ha dejado campos y montes resecos y sin posibilidad de generar alimento. Los bandos de perdiz que se aprecian son escasos y poco nutridos de «patirrojas», una especie que sobrevive milagrosamente ante las continuas agresiones de la agricultura mecanizada, los predadores y, en menor medida, de los excesos en la caza. Ante este panorama muchos cotos de caza no se resisten a perder la emoción de poder disparar sobre esta gallinácea, auténtica reina de la caza menor, sin duda el tiro mas bonito en la práctica cinegética. Entonces recurren, cada vez con mas frecuencia, a la repoblación con aves de granja, mas o menos asilvestradas en voladeros. Intentan en el mejor de los casos «reforzar» las poblaciones salvajes y lo que consiguen casi siempre es hacerlas desaparecer contagiadas por enfermedades que portan aquellas y de las que han sido inmunizadas mediante tratamientos veterinarios. Además muy pocas repoblaciones tienen éxito, ya que la genética de la brava patirroja se resiente en cautividad y muy pocas lograr sobrevivir en libertad, lo cual resulta incluso bueno, pues se evita que las auténticas se hagan híbridas.
Jabalí
Afortunadamente siempre queda el jabalí. Esta especie se ha adaptado a los nuevos tiempos. Podríamos decir que se ha beneficiado de dos circunstancias nefastas para la perdiz. El abandono de los cultivos en la montaña, cuyas tierras se han cubierto de monte, y el monocultivo de maíz en los nuevos regadíos, que le proporcionan alimento y refugio. Además, y en León, esta caza está socializada en un alto porcentaje, de forma que la mayoría de cazadores la practican sin necesidad de pagar por un puesto en las monterías, tal y como sucede en el sur. Por cierto que los organizadores de monterías se quejan de la falta de demanda para los puestos, y ello a pesar de la rebaja sustancial de los precios. También la crisis económica se deja notar en esta actividad que, no olvidemos, aporta importantes recursos al medio rural.
Conejo y migratorias
Parece que el conejo de monte, después de mucho tiempo, vuelve a extenderse y colonizar terrenos en los que había prácticamente desaparecido, lo cual no siempre es bien recibido por los agricultores. Para los cazadores sin embargo, especialmente para los veteranos cuyas piernas flaquean para perseguir la perdiz a rabo, es una magnífica noticia. También se ha notado una buena presencia de migratorias como la paloma torcaz y siempre queda la esperanza de una buena entrada de becadas cuando el frío intenso asole el norte de Europa y las «pitorras» entren en los montes de roble y hayedos, incluso en las choperas ribereñas del Orbigo y Esla. En todo caso la caza se reanuda el domingo y los cazadores volverán a reunirse con sus cuadrillas, en un rencuentro con el campo y los viejos amigos y de paso olvidar, aunque solo sea por unas horas, los problemas de la maldita crisis.