Diario de León

El récord de un gestor de egos

Tito Vilanova se ha revelado como un gerente extraordinario de los recursos existentes en el vestuario de un Barcelona plagado de figuras.

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p. ríos | barcelona
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El Barça de Tito Vilanova ha entrado en la historia de la Liga con el partido más completo de la temporada. El día marcado en el calendario para superar el récord del mejor inicio en el campeonato, que pertenecía al Real Madrid 1991-92 de Radomir Antic, el equipo azulgrana ofreció su mejor versión desde que Pep Guardiola se marchó al término de pasado curso alegando desgaste.

El 5-1 ante el Athletic fue una exhibición coral de un equipo repleto de talento y disciplina táctica. Con 13 victorias y un empate en 14 jornadas ya se puede afirmar que este proyecto tiene una identidad propia que ha sido necesario adquirir poco a poco.

Hasta ahora se había visto un Barça ganador, con carácter para remontar resultados adversos, lanzado por un Messi que solo entiende de goles y de victorias, pero en la mayoría de partidos se apreciaron lagunas inquietantes. Demasiada fragilidad defensiva, una presión en el campo rival menos intimidatoria que en el pasado reciente, más lentitud en la circulación del balón y ciertos problemas de egos en lo referente a las demarcaciones a ocupar. Pero Tito Vilanova se ha revelado como un gestor extraordinario de los recursos existentes en su vestuario.

El relevo de Pep

Con paciencia, consciente del peaje extraordinario que debía pagar como sustituto de su amigo, Pep Guardiola, ha ido imponiendo su sello de la manera menos traumática posible. Y ha logrado trabajar con tranquilidad gracias a su forma de ser. Todo suma.

Con Tito Vilanova el vestuario del Barça ha recuperado la normalidad, algo tan sencillo, pero tan complicado al mismo tiempo. Pep Guardiola llegó a su cuarta temporada obsesionado con los detalles, excesivamente controlador de todo lo que rodeaba a sus jugadores, tensó la cuerda porque quizás era la única forma de garantizar el éxito, pero la convivencia se agrietó. Y ese es el primer triunfo de Tito Vilanova: volver a compactarlo todo. Los pesos pesados del vestuario le ayudaron en la labor. Con Puyol, Xavi, Iniesta y Valdés es más fácil hacer una llamada colectiva al orden.

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