COPA DEL REY El ambiente
Las aficiones dan lustre a una Copa que viste a Neptuno de rojiblanco

Los aficionados atléticos encendieron una bengala.
Decía J. D. Salinger a través de Holden Caulfield que «lo que distingue al hombre insensato del sensato es que el primero ansía morir orgullosamente por una causa, mientras que el segundo aspira a vivir humildemente por ella». Anoche, según la palabras del joven protagonista de ‘El guardián entre el centeno’, el Santiago Bernabéu estaba repleto de insensatos, de dos hinchadas dispuestas a darlo todo por sus colores en un partido esperado desde 1992, desde la última final de la Copa del Rey en la que se enfrentaron el Real Madrid y el Atlético.
Ayer, las dos aficiones demostraron por qué el duelo entre merengues y colchoneros es el auténtico derbi, ninguno más debería ser tratado como tal. Los enfrentamientos entre el Madrid y el Barcelona se podrán llamar ‘clasicos’, el ‘partidos del siglo’ de cada temporada, o como se le quiera denominar.
Todos cumplieron pese al alto precio de las entradas, impropio de los actuales tiempos de crisis. Los seguidores atléticos, más tempraneros y ruidosos que los madridistas, a pesar de estar en una desventaja aproximada de 36.000 a 45.000, se hicieron notar pronto frente a unos anfitriones más sosegados. Al final, los ‘colchoneros’ saborearon el título en Neptuno.