EL ADIÓS DE UN EQUIPO QUE HIZO HISTORIA
Fin a 59 años de historia
El primer equipo del Huracán Z se despide de la competición al no poder hacer frente a los pagos para su inscripción en la Regional de Aficionados.

Formación del Huracán Z que disputó el primer partido de la eliminatoria de ascenso a la Segunda División B.
Lo sucedido con el primer equipo del Huracán Z es la crónica de una muerte anunciada, y al igual que en el libro de García Márquez, todo el pueblo sabía que iba a ser asesinado y ninguno hizo nada por evitarlo. Aquí sucedió lo mismo. Todos eran conscientes de la delicada situación económica por la que atraviesa la entidad, pero nadie movió ficha, ni siquiera el alcalde del tercer municipio de la provincia, que ve como se queda sin equipos representativos pero sigue viviendo en el mundo de yupi, como si la realidad, tozuda y dura, no fuera con él.
Sin embargo, el equipo que causara admiración y que fuera orgullo del municipio de San Andrés del Rabanedo ya es historia. Una fecha clave en esta línea descendente de la entidad fue el 24 de mayo del 2009, fecha en la que fallecía de forma repentina Rafael Tejerina, el mejor presidente que ha tenido la entidad en sus casi 60 años de historia. Bajo su esfuerzo y mandato el Huracán Z recuperó la 1.ª División Provincial de Aficionados, después la 1.ª División Regional de Aficionados y, por último, la Tercera División por vez primera en su historia.
Pero no todo quedó ahí, porque tras lograr la permanencia en su primera temporada, en la segunda disputaba las eliminatorias de ascenso a la Segunda División B, cayendo ante el Universidad de Oviedo. Allí, en cualquier lugar de la eternidad donde esté, llorará lágrimas de tristeza al ver que ‘su’ equipo desaparece por la desidia de muchos de los llamados sus amigos que dejaron ‘tirada’ literalmente a María Teresa Lage, no sólo su esposa sino la presidenta a la que le tocó coger el toro por los cuernos hasta estrellarse ante la vorágine de acontecimientos que se precipitaron en la tarde-noche del pasado viernes, cuando harta de muchas promesas y ninguna realidad se vio obligada a arrojar la toalla. Cuatro años de esfuerzos, de sin sabores, de adelantar dinero de su peculio no sirvieron para evitar lo inevitable. La desaparición de la máquina de la entidad es ya un hecho.
Sólo queda esperar que el club pueda seguir adelante en espera de tiempos mejores, de amigos que arrimen el hombro y de políticos que velen por el deporte de sus municipios.