Ferrer perdona la vida a Djokovic
El alicantino sacó en los dos sets para cerrar la manga pero falló en el momento clave y al final perdió por 7-5 y 7-5 y no pudo revalidar el título en . París-Bercy.

Ferrer y Djokovic con sus respectivos trofeos de subcampeón y campeón del París-Bercy.
Perdonar a los grandes equivale a derrota segura. Ese tópico repetido en cientos de ocasiones quedó demostrado ayer domingo en la final de París-Bercy. David Ferrer tuvo en su mano el partido. De hecho, gozó dos veces de la misma oportunidad. Tanto en el primer set como en el segundo estuvo 5-3 a favor y a continuación sacó para cerrar la manga. Pero como le ha pasado en otras ocasiones, el alicantino indultó a su rival, le dio vida y acabó pagándolo con la derrota. Dos servicios, dos oportunidades, en las que no llegó a tener una bola de set. Dos servicios, dos ocasiones perdidas, que fueron demasiado castigo para un gran partido que no pudo rematar y que perdió por 7-5 y 7-5. Así Djokovic se alzó con su decimosexto título de Masters 1.000 tras la decimoséptima victoria consecutiva.
Desde el principio, David Ferrer demostró que no es sólo piernas y corazón. Es también tenis, mucho tenis. Un jugador excepcional y muy regular que sin embargo sufre con Nadal o Djokovic. Y eso que no decepcionó al principio. El alicantino empezó jugando como lo hizo ante Nadal y Berdych. Cogió el ritmo del partido a base de derechas. Él dominaba y repartía juego. Los principales ángulos y tiros ganadores salían de su raqueta. Uno de esos golpes, una extraordinaria dejada tras un punto eterno, le dieron el primer ‘break´ del encuentro. ‘Ferru’ ya estaba por delante de un set que tenía donde quería.
Muy centrado y llevando de lado a lado al serbio, el de Jávea sufrió para consolidar la rotura. Pero poco a poco se fue desperezando ‘Nole’. Tanto que cuando sacaba para cerrar el set despertó al mismo tiempo que se le acababa la munición a Ferrer. Ya no era el español el que mandaba en la pista y movía a Djokovic. Todo lo contrario. De pronto su servicio dejó de herir al serbio, que se creció y cargó. Sacó toda su artillería y el repertorio de golpes ganadores, algo que fue demasiado para el alicantino, que retrocedió en la pista y en el partido. En los tres últimos juegos del parcial apenas hizo dos puntos, señal de que se nubló y falló. Así volvió a ceder su servicio. Del 5-3 a favor del de Jávea se pasó al 5-7. Cosas de Djokovic y de su bestial capacidad para darle la vuelta a los partidos.
Los golpes del balcánico habían cambiado. Ya no eran tan rectos como al inicio del duelo. Con más altura y menos errores, había encontrado la forma perfecta de llegar al tiro ganador con más comodidad -en la primera manga hizo 18 ‘winners’ por 7 de Ferrer-. Pero de nuevo Ferrer se puso por delante. Se acordó de que para ganar a Djokovic tenía que ser agresivo. Así empezó el segundo parcial, momento en el que rompió el servicio del balcánico. Y aunque parecía que el número dos se desesperaba, se repitió la misma película del primer set: 5-7.